El Templo Santo Domingo de Guzmán en Tuxtla Gutiérrez, fundado en 1560, es un referente histórico, religioso y social, especialmente durante la Semana Santa, cuando miles participan en sus tradiciones y actividades comunitaria
Fáciles de preparar, económicas y llenas de sabor, estas empanadas caseras se mantienen como una de las recetas favoritas en los hogares chiapanecos durante la temporada
Católicos en Tuxtla Gutiérrez participan en el viacrucis desde la Catedral Metropolitana de San Marcos, siguiendo una reflexión sobre la vida, familia y fe, y conmemorando el centenario de la guerra cristera en México
Desde París hasta el Estadio Azteca, colectivos, artistas y activistas han convertido el arte urbano, las intervenciones simbólicas y los actos públicos en una forma de crítica contra los costos sociales, ambientales y territoriales que dejan los Mundiales
Fáciles, económicos y llenos de sabor, estos tacos crujientes siguen siendo uno de los platillos más preparados durante la Semana Santa en hogares chiapanecos
El jueves y viernes Santo forman parte de los días más importantes de la Semana Mayor al conmemorar los últimos momentos de Jesucristo y dando origen a diversas tradiciones
Desde playas vírgenes hasta zonas hoteleras de lujo, estas bahías destacan por su belleza natural, arrecifes y actividades ideales para el descanso y la aventura en Oaxaca.
El escritor desmenuza en su nuevo libro las hazañas de los mundiales, los sobornos, los negocios ilícitos y la violencia deportiva, sin dejar de lado el crecimiento del futbol femenil, en el contexto de un mundial marcado por tensiones políticas y sociales
Siempre es bueno regresar a los clásicos greco-latinos. Releerlos. Actualizarnos mediante su lectura, aunque parezca paradójico puesto que distamos tantos siglos de ellos. Así me ocurrió en días recientes cuando acudí a la cita para leer nuevamente a Jenofonte y sus Memorabilia.
Jenofonte es un autor que me atrae mucho por su condición un tanto marginal. Y he de explicarme. Discípulo de Sócrates tanto como Platón, es menos mencionado que éste. Sin embargo, no lo es menos trascendental y me supongo que si nos fuere dado preguntárselo al mismo Sócrates, sin duda que con un inteligente guiño –como dicen era su costumbre- inclinaría la balanza de su preferencia por Jenofonte. ¿Por qué?, me preguntará el lector. Pues supongo porque Jenofonte encarna para su maestro el ideal del hombre de acción tanto como el de reflexión. Al pensador y al guerrero. Recuérdese que Sócrates, ese sublime filósofo griego que parecía un Dios dentro de un cuerpo de sileno, se preciaba como su mayor motivo de honra el haber participado en la batalla de Potidea contra Esparta durante la Guerra del Peloponeso, en defensa de su adorada Atenas. Más de 20 siglos después ocurriría en otras tierras que nos son más cercanas un suceso similar proferido por el más grande escritor de la lengua castellana, quien en vez de envanecerse por su maravillosa obra literaria, manifestaba como timbre de orgullo el haber participado en la más gloriosa ocasión que vieron los siglos pasados –a decir de él mismo-, la Batalla de Lepanto. Su nombre, Miguel de Cervantes Saavedra.
Pues bien, refiriéndonos a Jenofonte, luego de ser discípulo de Sócrates optó por la carrera de las armas y participó en las filas del ejército de Ciro el Grande –rey persa-, lo cual siendo los persas los enemigos enconados de los atenienses durante las célebres guerras Médicas –los helenos llamaban medos a los persas-, hicieron de Jenofonte sospechoso de traición ante sus ciudadanos, lo cual sin duda obró en demérito de lo que pudo ser para la posteridad una inobjetable buena fama del escritor y militar. Pero no avancemos tanto. Mejor volvamos a la ocasión en que –según cuenta Diógenes Laercio- Sócrates se encontró de frente al joven Jenofonte en medio de una concurrida y estrecha calle ateniense. Profundo escudriñador del alma y de la conducta humana –encontró materia prima adecuada para la filosofía y el conocimiento en ese joven-, Sócrates preguntó a Jenofonte cerrándole el paso con el bastón: ¿dónde se encuentra el mercado?. Y cuando Jenofonte le hubo respondido a esa pregunta, sin más Sócrates le atacó con esta otra: “¿Dónde se forman los hombres en la virtud?”. Ante el desconcierto del joven, Sócrates le espetó: “Sígueme, que yo te lo enseñaré”.
Y precisamente en los Memorabilia o Recuerdos de Sócrates, Jenofonte, no el militar sino el pensador, narra un diálogo entre su maestro y Aristipo de Cirene, el cual versa acerca de los placeres y la templanza. Un texto memorable por sí mismo y al que he recurrido insistentemente a consultar como si nos fuera dado tener a la mano un oráculo que nos guie el camino, el andar, la conducta. Y motivo principal de estas líneas como se verá adelante.
En ese diálogo Sócrates pregunta a Aristipo –recordemos que la mayéutica socrática consistía precisamente en que su interlocutor encontrara en sí mismo las respuestas a los cuestionamientos mediante un procedimiento de deducción del interpelado para demostrar que el conocimiento se encuentra en el interior de cada quien, nada más hay que buscarlo y encontrarlo. Lo cual se convertiría después en la teoría del conocimiento platónico, las reminiscencias, pués-:”Dime Aristipo –cuenta Jenofonte que preguntó Sócrates- si tuvieras la obligación de educar a dos jóvenes, a uno de ellos para hacerlo capaz de mandar y al otro para no tener jamás que hacerlo, ¿cómo educarías a cada uno de ellos?....
Y de ahí se deriva una serie de cualidades que debe tener un buen gobernante como la templanza, la formación intelectual, la voluntad, la abstinencia en los excesos placenteros –sirva la aclaración que no se trata de hacer monjes ni dejarse sojuzgar por prejuicios religiosos, sino atender primero la Res Pública y los deberes en vez de sucumbir al sólo placer que la vida nos obsequia a manos llenas-. Sócrates menciona su concepción del arte de gobernar y el formar buenos gobernantes debería estar plagado de sacrificios en provecho de la polis, de la ciudad, de los gobernados.
Jenofonte hace decir a Aristipo un par de ideas que transcribo textualmente y creo en estos tiempos aciagos, de gobernantes canallas, sería bueno no perder de vista, teniendo en cuenta que aquellas ideas que pese a haber transcurrido alrededor de 25 siglos de que fueron concebidas, son una fuente primigenia, en esencia, las que deberían seguir imperando, lo cual nos evitaría tantas calamidades y bandideces: “…en resumidas cuentas, las ciudades pretenden servirse de sus gobernantes…” y “las ciudades creen que los gobernantes han de procurarles toda clase de bienes, mas que ellos han de sacar las manos limpias de todo…”, Aristipo dixit.
En verdad que cuanta falta haría ahora instruir a los gobernantes en estas lecturas, en estos conceptos para que no perdieran de vista la principal obligación que tienen con el mandato que les fue conferido por el pueblo consistente en procurar el bien y servir a su comunidad y no, como ocurre, servirse de ella.
Finalmente Jenofonte tiene para sus lectores temas diversos –profundos todos-, y resulta siempre una fuente interminable de reflexión respecto a la vida, a la amistad, generosidad, honradez, solidaridad, y los múltiples valores que tendemos lamentablemente a dejar de lado en nuestro diario proceder.