Piedra de toque
DE LA CASA AL HOSPITAL
RICARDO CUÉLLAR VALENCIA
Apenas terminó de contarme el relato “La algarabía como ritual o el festín de los ruidos”
-Hola, me dijo, no pierdas el tiempo contando mis tontas impresiones de lo que he vivido. Mejor escribe sobre cosas que tengan verdadero sentido. No respondí a su severo juicio, caustico, duro contra sí mismo, como es su costumbre.
-Me extraña verte en un hospital, siempre has sido un hombre de sólida fortaleza física, le dije para inducirlo a continuar su relato.
Dos o tres meses después empecé a sentir molestias en el estómago y las fui asumiendo con tratamientos ligeros. Y lo grave fue sumar a la mala alimentación algo de alcohol y cigarros.
Mi familia se puso a las órdenes en todos los sentidos. Mi hija, María Victoria, fue puntual con su apoyo desde Barcelona. Llegaron visitas de amigas y amigos.
A quince días de convaleciente, ya en mi casa, te puedo contar querido y caro amigo, que me encuentro en plena recuperación, sometido a una estricta dieta, reposo casi total y lo más importante en mis plenas cabales para leer y escribir.





















