Luego de salir de Sevilla, enfilamos rumbo a la carretera que tiene como destino final, el Puerto de Cádiz, con bifurcación hacia San Lucar de Barrameda, que era nuestra próxima meta.
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Anduvimos buen trecho por sus calles rectilíneas, que nos encaminaron hacia el centro de la ciudad; en específico a la Plaza del Ayuntamiento, que mostraba su gran belleza arquitectónica a todos los turistas que visitaban aquel lugar.
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En fin, pasamos una noche espectacular.
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Finalmente, ya dentro del auto, regresamos a Sevilla, pero solamente para tomar el tren rumbo a la Capital de España, donde quería disfrutar de otro “tablao”, y unas tapas, bien servidas y de lo que hablaremos en próximas fechas.
Este platillo típico combina ingredientes frescos, técnicas caseras y un caldo lleno de sabor que se mantiene como uno de los favoritos en los hogares chiapanecos durante la temporada
Aunque pertenecen a la misma familia, el huachinango destaca por su color rojo intenso, carne firme y sabor suave, mientras que otros pargos presentan variaciones en apariencia y gusto
Este platillo a base de bagre, verduras y especias es una de las opciones más preparadas en Semana Santa en Chiapas, gracias a su sabor y fácil preparación
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Del 16 al 22 de marzo se conmemoran diversas efemérides internacionales que destacan la importancia de la salud, la educación, el medio ambiente y el bienestar emocional
Durante la vigilia de Semana Santa, el atún en lata se convierte en una opción práctica y económica para preparar platillos como tortitas, ceviche o tinga, ideales para comidas rápidas en casa
La carretera, es una autopista muy segura, con cuatro carriles de ida y otros tantos de regreso, con camellón en medio; existen muy buenos señalamientos que indican distintas rutas y distintos destinos; a los lados del camino hay zonas arbóreas que dan espesa sombra a los autos que por ahí transitan, además, de cuando en cuando, permiten que nuestros ojos perciban un agradable panorama.
Se observan, además, varios molinos de viento, muy diferentes a los que imaginé cuando leí la excelente obra de Don Miguel de Cervantes; “Don Quijote de la Mancha”; ello es así, porque los que ahora vi, son muy espigados, color negro, estilizados en su punto más alto, donde se advierte que terminan en una Y griega. Así qué, mirando aquellos largos artefactos, hubiera querido tener una “lanza”, como las que utilizaba el Ingenioso Hidalgo, al combatir contra los dragones.
Llegamos a San Lucar, a las once de la mañana, para dirigirnos a la calle de Caballeros, donde pernoctaríamos por tres noches; habitando entonces, un pequeño departamento, con una recámara, un baño y una sala, con un sillón sofá cama, en el que me acosté para disfrutar de una buena lectura. A la entrada de dicho sitio, visualicé una reja negra, de hierro forjado, y paredes con azulejos blancos y negros, que semejaban una gran flor; algo digno de verse, y que no existe en ningún otro lugar del mundo.
El entorno urbano, se nos antoja como un gran jardín, con fuentes, hermosas flores, con tiestos de varios azulejos, que reflejan la luz del sol, y que muestra ante nuestros atónitos ojos, varias tonalidades, que ya pueden ser de índole matutina o vespertina, pues el amaneces y el atardecer están retratados en ellos, según nos muestre la luz del astro rey.
Pasamos por la iglesia de Santo Domingo, de arquitectura barroca, realizada en piedra, con relieves del Sotacoro, de gran belleza; se observan los sepulcros de los Condes de Niebla y una talla, preciosísima de la Virgen del Rosario. Su edificio es uno de los más significativos de esta bella ciudad gaditana.
Al día siguiente, los tíos de mi esposa, andaluces de sepa, nos invitaron a uno de los restaurantes, que se ubican cerca de la Avenida Bajo de Guía, junto a la playa, vecino del muelle del que salen los transbordadores llenos de turistas, que quieren disfrutar de la buena vista y estar cerca del estuario del Rio Guadalquivir.
En ese restaurante, de cuyo nombre no puedo acordarme, he disfrutado de una de las comidas más deliciosas que he probado en mi vida; para empezar: unos langostinos acompañados de un “chato” de manzanilla, luego el arroz marinero (delicioso), acompañado de una buena copa de vino blanco. Algo increíble de verdad.
A la salida del restaurante, pasamos a conocer “la Fábrica de Hielo”, que está sobre la calle antes mencionada, precisamente en el número 11540 de la misma; ahí es prácticamente un pequeño museo, pues se exhibe una réplica del barco que viajó Juan Sebastián Elcano, quien acompañó a Magallanes en su viaje de circunnavegación, que partió precisamente de San Lucar.
En la noche caminamos hacia debajo de la Calle de Caballeros con toda la seguridad del mundo, pues hay mucha vigilancia, rumbo a la calle de San Miguel, y ahí, cerca de la Plaza del Pradillo, entramos al “Bodegón de arte” denominado “A contratiempo”, en el cual hay una exhibición de “tablao” flamenco, muy bien “bailao”, por dos hermosas gaditanas, una de vestido color beige, peinada de chongo, y que tiene en sus manos un abanico rojo, y que danza como los ángeles; la otra, de vestido color rojo, quien en lugar de abanico tiene unas castañuelas, que bien tocadas, acompañan el baile “jondo”, que realiza su compañera. Al fondo, un telón oscuro, combina con los trajes negros de los guitarristas que acompañan a la bailaora; ¡ole!
El último día, también junto con los parientes de mi mujer, anduvimos por el paseo peatonal, cerca del centro de la ciudad, donde tuvimos noticia que ya habían finalizado las famosas carreras de caballos, que realizan por la línea de la costa, corriendo los corceles sobre las enormes playas de esta hermosa ciudad.
Desgraciadamente, no pudimos ver el castillo de Santiago, el convento de La Merced o el Palacio de Medina Sidonia, por la falta de tiempo, con el deseo otra vez de poder disfrutar de aquella deliciosa comida. Algún día regresaremos por estos lares, si Dios lo permite.