Análisislunes, 2 de diciembre de 2024
Construyendo una narrativa
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El martes 26 del presente mes se publicó en este órgano informativo los resultados anuales del IMCO A.C (Instituto Mexicano para la Competitividad) donde por medio de un indicador que ellos construyen ubican a la ciudad de Chihuahua en un honroso quinto lugar. Inmediatamente las autoridades municipales echaron vivas al viento presumiendo tal lugar alcanzado. Nada más lejos de la realidad que este desvivo de alabanzas inmerecidas. Veamos: el domingo 24 de noviembre en este mismo órgano informativo se publicó la nota que “la ciudad de Chihuahua enfrenta una crítica situación en infraestructura vial” así entre comillas y en negrilla. Habla de la señalización y semaforización entre otras cosas pero la situación es crítica; usted se preguntará ¿cómo puede ser posible que Chihuahua, una ciudad que se encuentra encumbrada entre las mejores ciudades de México según el IMCO, presente tan severa crisis? La razón es simple, el indicador se construye desde un pupitre, y la realidad los supera. El indicador tiene 6 sub indicadores y Chihuahua sólo resalta en uno que es la exportación de mercancías donde nada tiene que ver el gobierno. Esta narrativa la utilizan las autoridades para decir que vamos bien e incluso le alcanza al edil capitalino aspirar a mayores responsabilidades públicas como la gubernatura estatal. Ahora bien cualquier ciudadano capitalino que haya salido a la calle mayor de 10 años sabe con exactitud del deterioro que está sufriendo esta ciudad, como nunca se había visto; la mayoría de las calles parecen arroyos; falta de señalización; topes en cada esquina; alcantarillas que parecen cráteres cada 30 metros; falta de baquetas; una completa desorganización vial; ineficiencia en los sistemas de vialidad como semáforos; de plano es una bomba de tiempo a punto de estallar y el 100% de las personas lo saben, ¿de qué se vanaglorian las autoridades? Ya vienen las épocas de recaudación de impuesto y volveremos a pagar para mantener a una clase burócrata que no hace nada, inoperante e indiferente ante los problemas de las personas ¿Por qué? Ya sería tiempo de hacer valer el Derecho ciudadano a tener una ciudad digna. El potencial de la ciudad es inmenso en términos económicos con más negocios, más centros de estudio y de diversión, mejores viviendas, menos caras y una mejor redistribución del agua pero sobre todo, una ciudad sustentable en materia de vialidad y no podemos avanzar porque nuestras autoridades construyen una falsa narrativa de que vamos bien través de un indicador incierto. Este tipo de indicadores que tuvieron su máximo afluente en la época neoliberal son producto de gobiernos que no pueden gobernar y a través de modelación de datos quieren crear una realidad alterna. Seamos serios, el costo por persona de tener una ciudad destruida es alto, afecta las finanzas familiares con la destrucción de sus vehículos, mayores gastos en seguros (accidentes), la pérdida de tiempo en su traslado y las crisis de no poder desplazarte adecuadamente por faltas de servicios logísticos de transportes públicos eficientes.