Pareciera que México corriera una funesta suerte de peste negra en seguridad pública, sequías, desaparecidos, narcotráfico, ejecuciones; y por si fuera poco en corrupción. La organización Transparencia Internacional, que tiene su sede en Berlín a escasos metros de la famosa columna de la Victoria, es la encargada de calificar el grado de corrupción en los países del orbe, según la percepción de sus propios ciudadanos, conocida como IPC, dando a conocer en su informe anual 2024 que dentro de los 180 países que son evaluados en el mundo, México cayó al sitio 140 con la calificación más baja de su historia de 26 puntos sobre 100, es decir, altamente reprobado.
El trabajo gubernamental de López Obrador con grandes inversiones sin comprobación alguna por considerarse como obras de seguridad nacional, sin reglamentación en licitaciones, fue sin duda un signo característico de su política de obra pública. «De ahí los casos del Tren Maya, el AIFA, Dos Bocas con costos al doble o más de los presupuestado que evidenciaron un sinfín de actos de corrupción». A ello se debe agregar que no se han tomado medidas eficaces contra casos de corrupción emblemáticos, como Odebrecht, Segalmex, así como también un Poder Judicial -maniatado- con rumbo a constituirse en un apéndice del Ejecutivo bajo un sistema autoritario que no se observaba en México desde Antonio López de Santa Ana.
Frente a este pobre resultado, países como Dinamarca, Finlandia, Corea del Sur, Singapur y Noruega obtuvieron calificaciones aprobatorias sobre los 81 puntos. En Latinoamérica, México sólo está mejor calificado que Guatemala (25), Paraguay (24), Honduras (22), Haití (16), Nicaragua (14) y Venezuela (10).
De manera distinta, Uruguay (76), Chile (63) y Costa Rica (58) repiten como los únicos países latinoamericanos que aprueban, por su tenacidad en perseguir la corrupción y la amplia educación en todos los niveles como forma de prevención y practica comunitaria de buenos hábitos de cultura hacia la legalidad.
La corrupción se enquistó en México desde la época de Miguel Alemán, por el aumento de las inversiones extranjeras, el petróleo, el turismo y la apertura de la industrialización donde al crecer las inversiones, el gobierno fue mayor corruptor cuyas prácticas se han observado hasta en la misma presidencia de la república. Como dato significativo de la corrupción de “poca monta”, se inició con los más modestos servidores públicos en 1767 con el Virrey Marqués de Croix, que portaban por primera vez boletas de infracción vial para las carretas (por cierto, hoy la práctica más habitual en México de la mordida donde el conductor es parte de ello, como dijera el refrán popular: “tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata”). Otra práctica significativa de corrupción fue la creación de 60 aduanas sin control alguno y que en la actualidad son prósperos negocios como el Huachicol. Y así sucesivamente vivimos en forma constante bajo los efectos de la corrupción, por desgracia es una costumbre como si fuera ley. Hoy sólo nos preguntamos, cuántos gobernadores del PRI y PAN han ido a parar a la cárcel y cuántos de Morena, sobre la promesa de Obrador de acabar de tajo la corrupción, o que acaso el - pañuelito blanco - no pudo cruzar el pantano sin mancharse.