El amparo, justicia que no se toca
El amparo es, quizá, la herramienta más poderosa que la Constitución ha dado a la ciudadanía para defender sus derechos. En Parral lo sabemos bien: gracias a él, cientos de familias lograron acceder al agua después de años de carencias y promesas incumplidas.
No se trató de un trámite técnico, sino de justicia viva. Fue la vía para decir “ya basta” y para que los tribunales recordaran al Estado su obligación de garantizar lo más elemental: el derecho humano al agua.
También se plantea prohibir las suspensiones con efectos generales, impidiendo que una sola sentencia proteja a toda una comunidad. Con ello, cada vecino tendría que litigar por separado, con desigualdad evidente frente a las autoridades.
Debilitar al amparo es debilitar a las comunidades que luchan por agua, salud, medio ambiente y dignidad. No hablamos de tecnicismos jurídicos: hablamos de la vida diaria de la gente.
Defender el amparo es defender la posibilidad de que la justicia llegue a donde más se necesita. En Parral lo hemos visto: el amparo no es un privilegio, es un derecho. Y hoy, más que nunca, toca defenderlo.

















