Hace varios años Donald Trump, tenía un programa de televisión llamado, “El aprendiz”, un reality show, donde jóvenes con talento en el ramo empresarial, competían y al final de cada temporada, el ganador era contratado como director, en alguna empresa de Trump. Cada semana enfrentaban retos, casi al final de cada programa, los dos participantes con menor desempeño, iban a la oficina de Trump, donde uno era eliminado. Trump, aparecía con rostro agrio, interpretando a un jefe rudo, hacía preguntas y luego elegía al eliminado, diciendo bruscamente, “You’re fired “, (Estás despedido). Trump rara vez sonrió durante el programa, era hosco y antipático, quienes conocíamos poco de su temperamento, pensábamos que era actuado, como para dar un mayor realismo al reality, pero después nos dimos cuenta que verdaderamente es así, esto se pudo observar desde su primer mandato como presidente. Y ahora en su segundo periodo, peor, pareciera que llevó a la silla presidencial al personaje déspota de “El aprendiz”, y ahora a cualquier persona o incluso país, les aplica el, “estás despedido”. Es el hombre más poderoso del mundo, de cierta manera tiene a varias naciones entre sus manos, sin embargo, los tiempos en que se agachaba la cabeza, ya pasaron, así lo demuestra lo ocurrido recientemente en el Super Bowl, que parecía intrascendente, pero terminó por repercutir a nivel mundial e incomodó al megalómano. Lo que realizó el cantante Bad Bunny (independientemente que guste o no su música), durante su presentación en el Super Bowl, el máximo evento de Estados Unidos, fue una zarandeada para el gobierno de Trump, pues el puertorriqueño se plantó en la cancha de un programa visto por millones de personas alrededor del mundo y demostró el orgullo de ser latino, el amor por las raíces e idiosincrasia; al puertorriqueño no le tembló la voz para expresarse, por supuesto, la NFL, la liga deportiva más poderosa del mundo, fue la que colocó en ese privilegiado lugar a Bad Bunny. La NFL decidió ignorar a Trump y le dio voz a los latinos, durante el partido más importante del fútbol americano, deporte favorito de los estadounidenses, convirtiéndose en el musical de medio tiempo, con mayor audiencia de la historia. Claro, casi de manera inmediata Trump, denostó el espectáculo diciendo que no entendió las canciones y que los bailes fueron vulgares para los niños televidentes, sin duda en eso tiene razón, pero evidentemente lo que le caló, fue la manifestación latina en su poderoso país, que, por cierto, el engranaje de su economía, se mueve en parte, gracias al esfuerzo de millones de trabajadores latinos y él lo sabe, pero prefiere aparentar que es un sheriff rudo, cuasi inmortal, de película del viejo oeste, con dos Colts a los costados y que va imponiendo la ley de manera unipersonal, ¡No es así! Trump es un presidente con poderío, cierto, pero no es la sagrada majestad, solo es un servidor público, al que, en determinado momento sus ciudadanos le dirán, “Estás despedido”.