Desde hace décadas hemos visto en los noticieros que personas armadas irrumpen en escuelas, iglesias o centros comerciales para asesinar a sangre fría a quien se les ponga enfrente, estos hechos ocurrían regularmente en Estados Unidos, actualmente ya suceden en otros países y lamentablemente México no está exento.
Históricamente hemos sido una sociedad que imita a la de Estados Unidos, regularmente en aspectos positivos, sin embargo, pareciera que se han comenzado a imitar los hechos sangrientos, muchos dirán que no es cierto, pero de manera consciente o inconsciente, tal parece que algunos niños o jóvenes mexicanos lo están haciendo, con resultados funestos, como el caso ocurrido en Monterrey en el 2017, cuando Federico, un jovencito de 15 años, comenzó a disparar en un salón de clases contra sus compañeros, mientras realizaban un examen, hiriendo a seis, entre ellos a la maestra, quien después murió en el hospital. Federico culminó su aterrador acto, dándose un tiro en la cabeza.
Después, en el 2020, otro hecho similar en Torreón, José Ángel, un niño de solo 11 años, llevó a la escuela dos pistolas propiedad de su abuelo, con quien vivía. Durante la clase de inglés, pidió permiso para ir al baño, donde se vistió como su personaje favorito de un videojuego violento, cuando regresaba ya con pistolas en mano, se encontró con su maestra, quien fue a buscarlo porque había tardado en regresar al salón, al verla, el niño le disparó inmediatamente, matándola, luego baleó a varias personas, después, al igual que Federico, se suicidó. Hace unos días, otro caso similar, Osmer, un jovencito de 15 años, de Lázaro Cárdenas, Michoacán, fue a su preparatoria y mató a dos maestras, antes de hacerlo, subió un video a Facebook donde aparecía con un fusil AR 15, se dice que era admirador de Dylan Klebold, autor de la masacre en la secundaria Columbine, en Colorado, donde murieron 13 personas, ocurrida en 1999.
En estos tiempos de boom cibernético, los niños están totalmente expuestos y si los padres les permiten extraviarse en túneles oscuros y hediondos de varias redes sociales, llegará el momento en que algunos querrán formar parte de ese mundo putrefacto. Si los dejan solos con su teléfono celular por varias horas y si no hay un adulto a su lado que les explique un caso como el de Salvador Ramos, quien al cumplir 18 años lo primero que hizo fue comprar un rifle, para luego ir a una primaria ubicada en Uvalde, Texas y matar a 19 niños, sin un adulto responsable a su lado, los jovencitos pueden empezar a ver esas tragedias como algo natural.
Es evidente, que esos jóvenes asesinos, tenían graves trastornos mentales, pero muchos padres “olvidan” sus responsabilidades, para evitar conflictos o discusiones, luego se engañan a sí mismo y asumen que su hijo está “bien”, que no hay razón para estarlo “molestando”, sin imaginar que el gran anhelo de su hijo, es imitar la tragedia que causó un asesino desquiciado.