¿Hombres o señores?
Sin embargo, en estos casos prefiero acudir a los cuestionamientos con el fin de facilitar a mis dudosos interlocutores para que puedan ellos mismos descubrir los temas que les permitan ver con más claridad lo que —quizás— hasta entonces no han conseguido.
Uno de los puntos principales es el de contar con los elementos suficientes para dilucidar sobre la madurez de las personas. En este punto suelo lanzarme a matar con preguntas que pinten escenarios lo más realistas posibles, donde quepan, también, situaciones extremas.
Qué satisfecho me quedo cuando al final de esas charlas puedo escuchar: “Ya me puso usted a pensar”.

















