La dudosa justicia naranja
Cuando las resoluciones judiciales generan indignación social y siembran dudas razonables, el problema deja de ser estrictamente jurídico y se convierte en un asunto de confianza pública.
Cuando la ciudadanía comienza a creer que existen privilegios, que la justicia se aplica de manera selectiva, la ley pierde fuerza moral y las instituciones se debilitan.
La justicia no puede tener color partidista; no puede depender de vínculos personales; no debe convertirse en sinónimo de ventaja política. Sin embargo, en estos casos todo se pinta de color naranja.
Las instituciones deben actuar conforme a derecho e inspirar certeza. La justicia debe ser imparcial, transparente y firme. Lo demás, es una deuda con las víctimas y con la ciudadanía en general.
