Lejos, muy lejos queda la expresión realizada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien a los cuatro vientos decía que el sistema de salud de nuestro país sería mejor que el de Dinamarca; que habría más y mejores hospitales, más medicamentos, mejores instalaciones para la atención de los derechohabientes del Seguro Social y la atención puntual a la población abierta por medio del INSABI; atrás quedó la esperanza de contar con ese sistema de salud pública cercano, eficaz, humano y de acceso universal.
No podemos decir otra cosa, la salud pública en nuestro país atraviesa por momentos muy complicados, críticos diría con mayor claridad. La exigencia de la sociedad es constante, la falta de medicamentos, la carencia de hospitales y clínicas, la falta de equipo, además de personal insuficiente es la constante en el sistema de salud estilo Dinamarca que nos ha implementado el Gobierno de Morena.
Morena, desde el Gobierno, ignora las voces de la sociedad, no corrige, son omisos y esa omisión resulta criminal, en siete años no ha dado mantenimiento, ni mejorado las instituciones de salud del país, estamos en las peores condiciones de salud en la historia contemporánea de México. Existen camas oxidadas, quebradas, quirófanos cerrados o insalubres, escasez de tratamientos, falta de ambulancias, cobertura deficiente, médicos y enfermeras que trabajan en condiciones inhumanas, todo esto refleja el abandono del sistema de salud, donde el bienestar es lo último que importa al Gobierno.
Sin temor a equivocarme estamos ante la peor tragedia institucional, donde la opacidad, el amiguismo, el desdén y la intolerancia están en las más altas esferas del sector salud del país; no hay una estrategia eficaz que permita atender a los que menos tienen, a los más vulnerables; los negocios en medicamentos dentro del círculo cercano al poder es la dinámica permanente, la preocupación está en el negocio y no en la salud de las familias mexicanas; estas últimas, pierden las esperanza y su patrimonio porque hacen hasta lo imposible para atender algún problema fuerte de salud, acuden a la medicina privada, a la farmacia de la esquina y buscan solucionar lo que el Estado Mexicano no puede hacer, brindar salud a su pueblo.
Ha quedado constancia que el sistema creado para proteger vidas, se ha convertido en un botín que se reparte entre empresas cercanas al poder, existen almacenes vacíos, hospitales sin equipamiento, y el presupuesto dónde queda; sin duda, está en la corrupción que campea en el sistema de salud del país, no está en ninguna otra parte. Mientras, el pueblo bueno y sabio, sigue sufriendo por una cita médica, por un especialista, por un medicamento, por un acceso a la salud que sea digno.