La semana pasada tuve la oportunidad de escuchar una charla junto con varios de los amigos que buscan desarrollar innovación en sus organizaciones y decidí compartir las notas sobre el tema. Me llamó la atención cómo la diversión puede convertirse en un poder para desarrollar cambios sociales y este concepto puede ser utilizado por muchos de los actores en nuestra comunidad. Esta investigación que dio lugar a la teoría fue financiada por una marca de automóviles mundial y el reto que se propusieron fue genial.
¿Qué se puede hacer para mejorar este mundo asfixiado por la globalización, en donde se vive a un ritmo intenso, casi siempre corriendo de un lado para otro, donde la gente piensa que es más feliz cuantas más posesiones tiene, un auto nuevo, más ahorros, una casa grande y con más muebles? ¿Qué se puede hacer para mejorar en un mundo donde se trabaja nueve, diez, doce horas y queda poco tiempo para ver a los hijos, para disfrutar en familia, para preocuparse por la salud? ¿Qué hacer si todos permitimos que las personas cultiven malos hábitos personales que impactan en la familia, la comunidad, la ciudadanía y el medio ambiente: arrojar basura al suelo, no reciclar, no respetar las reglas de tránsito, no hacer ejercicio, comer cada vez menos sano, consumir energía eléctrica de manera innecesaria, etc., ¿etc.? En fin, la pregunta es válida. ¿Qué hacer? ¿Cómo plantear el cambio? Con esto en mente, se les ocurrió una idea muy sencilla; experimentos sociales que tuvieran gran impacto. Demostrar que se puede ver la vida de otra manera si intentamos hacer más divertido todo lo que nos rodea. Los experimentos se centraron en que se pueden cambiar los hábitos de las personas si se introducen elementos divertidos en aspectos del día a día que establecen comportamientos negativos del ser humano. Se apostó a la diversión como poder social del cambio y a esto le llamaron teoría de la diversión. Después de desarrollar varios experimentos basados en preguntas clave de un cierto comportamiento ciudadano, se concluye que sí es posible cambiar hábitos de las personas, utilizando esquemas y ambientes divertidos. Recordemos que nosotros no podemos cambiar a las personas por memorándum, mail o WhatsApp. Mucho menos generando un ambiente de miedo y presiones constantes. Lo que sí podemos hacer es crear ambientes donde las personas cambien. El cambio viene de las personas hacia el entorno, y la comprobación de la teoría de la diversión nos muestra que un entorno divertido tiene el poder de cambiar comportamientos y hábitos cotidianos. Aquí podemos ver unos pasos sencillos para iniciar la aplicación de esta teoría; proponga un reto a su equipo, dirigido a un cambio positivo. Estudie a las personas a las que va dirigido el cambio, seleccione el hábito o comportamiento que quiere modificar, así como su alcance. Creativamente desarrolle una estrategia lúdica o divertida de crear el ambiente hacia el cambio. Realice una prueba piloto y vea si funciona. Asegúrese de que la idea se conozca y se hable de ella, con esto provocará que existan más experimentos pilotos.
Como estamos trabajando sobre una teoría relativamente nueva, todavía requiere más afinación y estudio. Así, el reto inmediato para las organizaciones será aprender a establecer ambientes divertidos para cambiar hábitos y comportamientos hacia esquemas positivos como una estrategia más, donde los integrantes de una organización sean partícipes en el cambio de mentalidad y los ambientes de trabajo, casa o amigos se vean impactados con una visión diferente, más agradable, menos presionante, de mayor diversión. Recordemos que a este mundo venimos a disfrutar y necesitamos ambientes que den esa posibilidad.