¿Las instituciones y normas mexicanas están preparadas para las fronteras que van a ser marcadas por la inteligencia artificial? Mientras México se duerme, la tecnología avanza sin esperar. No tenemos ninguna empresa digital propia ni algo que remotamente se parezca. Ni en la nube, ni en las redes sociales, ni en semiconductores, ni en la carrera de la inteligencia artificial. Para la tan mentada autonomía que los gobiernos de izquierda tanto pregonan, pues la realidad es que terminemos dependiendo de fuera para casi todo lo tecnológico, sin mencionar coches chinos.
Si no entregamos empresas estratégicas a Estados Unidos, estaremos haciéndolo a otro país. Y la otra cara de la moneda es un Estado del bienestar cada vez más pesado de sostener. Por ejemplo, tenemos un sistema de salud, no decimos que no tenga muchísimo valor, pero sin el crecimiento económico robusto que lo financie, ese sistema diseñado para las circunstancias de los años 50´s, es insostenible. A eso, además, le sumamos una creciente deuda oculta en compromisos de pensiones futuras. Es el problema con el que se enfrentarán nuestros hijos cuando nos jubilemos.
Si no generamos más riqueza llegará el día en que no podamos pagar ni las pensiones de la gente, que algunos dan por seguras. La teoría económica clásica ya lo preveía: impuestos muy altos y excesiva redistribución desincentiva trabajar más e innovar, porque una porción mayor de lo que produces se va en sostener el sistema, y ahora es así. México parece atrapado en esa trampa. Muchas normas, mucho gasto social, pero poco crecimiento. Es una mezcla que nos va explotar delante nuestras narices. La cohesión política de los partidos en el poder tampoco se ve estable.
O se persigue la corrupción, o se finge que no se ve nada para mantener la paz de sus aliados. Las divisiones manejables pasarán a convertirse en brechas profundas que paralizan la toma de decisiones en la política económica o judicial. No tardan en surgir poblaciones, estados o países que buscan un modelo más liberal, crítico con la injerencia de las ideologías que siempre dicen lo que los demás tienen qué hacer y defienden valores más tradicionales y la independencia judicial. ¿Por qué no cuestionar las políticas de un tirano burócrata que parece desconocer los propios problemas?
A los gobiernos frugales, que les gusta gastar poco, donde impera la ortodoxia fiscal, pues es natural la desconfianza en un gobierno que no gasta en proyectos productivos. Y no es sin razón, que compartir riesgos financieros termine en convertirlos en los pagadores de la fiesta de otros que no ajustan sus cuentas. México no puede andar por la vida diciéndole a otros que está muy bien si el dinero que tiene se le está acabando