Recordando el asesinato del político Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan, por el joven Víctor Manuel Ubaldo Vidales, de 17 años, nos obliga a realizar un ejercicio unificador de que las injusticias sufridas por las mujeres también las sufren los hombres, y superar la retórica dialéctica de la lucha de amos y esclavos, en este caso, de sexos, heredada del marxista Frederich Engels. Las injusticias sufridas por las mujeres jamás serán resueltas sin enfrentar sus verdaderas causas, en vez del imaginario tóxico de una milenaria inferioridad moral del hombre.
De acuerdo al divulgador Daniel Jimenez, autor del libro Deshumanizando al Varón, hay desventajas de ser hombre en nuestra sociedad actual: triplican o cuadriplican los suicidios, son la mayoría de las muertes laborales, son las principales víctimas de la violencia y los homicidios, son el grueso de las bajas militares y civiles en tiempos de guerra, son la mayor proporción de población carcelaria, son los que más sentenciados a muerte, son los representantes de los que no tienen techo, están sometidos a reclutamiento por comandos militares, trabajos forzosos o esclavitud, etc.
En general, los problemas de la mujer se exteriorizan culpando al hombre, a presiones sociales o culturales. En cambio, los problemas del hombre se interiorizan culpando a la víctima, al hombre por su género o cultura, sin ver que los roles de género perjudican a ambos sexos de forma diferente en beneficio del grupo como una adaptación al entorno, donde el hombre se le adjudicó estatus y a la mujer mayor protección hasta la llegada de la revolución industrial y el derecho al voto. Cambiar una intolerancia por otra, en vez del entendimiento mutuo, origina más desigualdades.
Tampoco se toma en cuenta que los extraordinarios avances de las mujeres han sido animados, asistidos y posibilitados, también, por hombres, y han sido ellos los que mayormente han muerto en las revoluciones liberales y democráticas que han dado a las mujeres sus derechos. El poder absoluto del marido sobre su esposa es más una proyección de nuestras ansiedades actuales que olvida el poder no codificado de la mujer, la madre o la suegra y no es menos real que el legal.
La igualdad de género y feminismo son usados como sinónimos, pero resulta artificial, ya que este último sólo contempla la igualdad nivelando el estatus del hombre y la mujer, pero descuidando otras perspectivas que permitirían resolver los problemas de los hombres y que no implican abogar por la desaparición del feminismo, que continúa siendo necesario en determinadas áreas. Pero su marco teórico debe competir con otras ideas por soluciones más convincentes, sin la discriminación contra la masculinidad.