La gran tradición filosófica de Occidente define la verdad como apego del pensamiento a la realidad. Según el apologista Daniel Iglesias Grèzes, una idea o afirmación es verdadera si se corresponde con la realidad y es falsa en el caso contrario. La objetividad, un ideal de la ciencia, la historia y el periodismo, es un esfuerzo por averiguar cómo son las cosas objetivamente, es decir, independientemente del sujeto que quiere conocerlas. La objetividad es algo muy distinto de la neutralidad, y en cierto modo es su contrario. No se puede decir que todo vale igual.
Para mantener la neutralidad hay que renunciar a pensar o a expresar el pensamiento. El punto de vista neutral implica que, al escribir sobre un tema cualquiera, uno debe presentar todas las posiciones, argumentos y puntos de vista sobre el tema, sin inclinarse a favor ni en contra de ninguno de ellos ni privilegiarlo, pero, ¿es realmente posible y decente escribir un artículo neutral sobre el nacionalsocialismo de Hitler? ¿Podemos renunciar a criticar la desarticulación de las instituciones que vigilan la transparencia porque el Estado regala dinero?
Tampoco es posible enseñar filosofía ni moral (una rama de la filosofía) siendo neutrales. Si se pregunta ¿qué es el ser humano?, y se enseña que el pensador A dijo tal cosa, y el pensador B, tal otra cosa, y así sucesivamente, lo que se enseña no es filosofía sino historia de la filosofía. Para enseñar filosofía hay que filosofar y, por lo tanto, comprometerse en la búsqueda de la verdad sobre la cuestión tratada. Poco se sentirá estimulado el alumno a pensar, juzgar y razonar con la libre interpretación, pero no con la intención de descubrir la verdad objetiva.
Como decía Aristóteles, la filosofía es inevitable: o filosofamos, y entonces filosofamos, o no filosofamos, y entonces, también, filosofamos para intentar demostrar que no filosofamos. La educación laica, también, declara perseguir la neutralidad que, en general, no solo es imposible, sino que ni siquiera es bueno. Lo deseable es que cada uno buscara la verdad y expusiera a los demás sus hallazgos y opiniones de forma libre, responsable y sincera, sin engañar al lector o al alumno, fingiendo una neutralidad que no es tal.
Todos tenemos sesgos, pero el peor es el sesgo inconsciente o no declarado del que cree o quiere hacernos creer que no tiene ningún sesgo. ¿Es la razón del sesgo ideológico o la falta de inversión y capacitación en la educación pública? ¿Es la causa del rechazo a la educación privada o religiosa? ¿Eso explica la pobreza y dependencia del pueblo cubano, por ser incapaz de elegir un cambio que afecte al sistema político? Sin duda, no se puede ser neutral ni en tiempos de paz ni en tiempos de guerra.