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Análisismartes, 3 de febrero de 2026

Asesor Jurídico / Control de daños

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En política, cuando alguien deja un cargo sin ruido, no importa si se fue bien o mal. Importa por qué ya no era conveniente que siguiera ahí. Porque los movimientos importantes no se explican: se hacen para evitar problemas antes de que se vuelvan visibles.

La salida de Adán Augusto López de la coordinación de MORENA en el Senado no responde a un trámite interno ni a un ajuste menor. Es una decisión política para reducir su exposición en un momento en que el partido busca menos ruido y más control. No es castigo, es prevención.

Adán Augusto fue más que un coordinador. Fue operador, bisagra y administrador de lealtades; sobre todo, un dique de contención. Desde ahí se ordenaban agendas, se administraban recursos y se cuidaban silencios. Ahí se decidía. Perder ese espacio no es menor, es el control.

Lo que se mueve ahora no es una persona, sino un grupo. El llamado Grupo Tabasco, que se formó al amparo del poder, empieza a quedarse sin mando. Sin un centro de decisión, la cohesión se diluye y las lealtades se vuelven negociables. A un año de las elecciones intermedias, esa fragilidad pesa. Los feudos no sobreviven sin padrino.

En paralelo, MORENA mueve otra pieza sensible. Andrés Manuel López Beltrán dejaría la Secretaría de Organización. Se alegan tensiones internas y resultados adversos, pero el hermetismo del cambio resulta más elocuente que cualquier versión oficial. En política, a veces retirarse del foco es una forma de contener riesgos.

MORENA parece haber entendido que el verdadero riesgo rumbo a 2027 no está en la oposición, sino en sus propias sombras. Por eso opta por bajar perfiles, redistribuir poder y reducir exposición. No es una purga: es una administración del riesgo.

El mensaje es claro para quien quiera leerlo. El partido prefiere ajustar ahora sus equilibrios internos que enfrentar después un problema mayor. Prefiere sacrificar operadores que poner en entredicho el proyecto completo. Es una decisión fría, pero lógica.

Conviene decirlo sin estridencias: no hay acusaciones formales, ni procesos abiertos, ni nombres en documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos. Pero la política no se mueve solo con expedientes; sino con señales. Y cuando esas señales aparecen, los partidos que aspiran a durar las atienden antes de que se conviertan en hechos.

En política, nadie está muerto hasta que la urna lo entierra. Pero no es lo mismo seguir vivo que seguir creciendo. Hoy, algunos frenaron. Y cuando eso ocurre, casi nunca es por azar.

El poder, cuando se repliega, no pide permiso. Se mueve en silencio. Y casi siempre lo hace porque está leyendo un escenario que todavía no se dice en voz alta.

Email: memo.arias.tabasco@gmail.com

Twitter: @memo_arias_

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