De la antigua roma a la delincuencia: el verdadero origen de los ponchallantas
El concepto detrás de los ponchallantas se remonta a los antiguos abrojos o tribulus, utilizados como armas defensivas en batallas romanas y medievales
Deysi Osorio / El Heraldo de Tabasco
El uso de ponchallantas en Tabasco y otras regiones de México ha sido un tema de creciente preocupación. Este simple pero efectivo artefacto, diseñado para dañar neumáticos de vehículos, es utilizado por delincuentes para obligar a los conductores a detenerse y luego perpetrar robos o secuestros.
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La naturaleza rudimentaria de estos dispositivos, fabricados con varillas de metal afiladas y dobladas, permite que sean fácilmente producidos y distribuidos entre grupos criminales.
Origen histórico de los ponchallantas
Los romanos los lanzaban en grandes cantidades para causar estragos entre las tropas adversarias, una estrategia que demuestra la adaptabilidad y la ingeniería militar de la época.
La fabricación de un ponchallantas es económica y accesible, costando menos de 10 pesos cada uno. Los delincuentes los producen en grandes cantidades utilizando materiales como varillas de acero o alambrón, lo que les permite esparcir estos dispositivos en avenidas y carreteras.
Una vez que un vehículo queda varado, los delincuentes se aprovechan de la situación para asaltar a los ocupantes, generando un clima de miedo y desconfianza en la población.
La evolución de los ponchallantas desde su uso como armas defensivas en la antigüedad hasta su actual utilización por grupos criminales es un reflejo de cómo herramientas simples pueden ser adaptadas para fines perjudiciales.
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