Los Estados paternalistas tienen ese gran error, no enseñan a pescar, dan pescados y ni siquiera frescos o de calidad; se preocupan por dar mendrugos a los súbditos a cambio de sus favores electorales.
Hasta la próxima vez aquí en EL OCIDENTAL. Gracias por tomarse el tiempo de leer esta columna.
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El trabajo dignifica al hombre y le permite valorar todo aquello que con su esfuerzo y sacrificio ha obtenido. Esa es la mayor satisfacción que tenemos los que trabajamos y además propicia que se tenga buen cuidado en aprovechar al máximo lo que se adquiere con el sudor de la frente como dice la Biblia.
Cuanto mayor es el esfuerzo se valora más lo que de gana y a la inversa, lo que se obtiene fácil encamina al dispendio. Easy come, easy go, como dice una de las muy escasas frases en inglés que se han convertido en refranes, lo que fácil viene, fácil se va.
México es un país que tiene una riqueza natural excepcional porque entre otros muchos privilegios, tenemos salida a dos océanos con un litoral que ya quisieran muchos países del mundo, tierras muy fértiles, ríos caudalosos y una habilidad laboral extraordinaria; un ejemplo trivial de esta capacidad de improvisación e ingenio para resolver problemas es el del mecánico de un pueblito a donde llega un vehículo averiado y ante la dificultad de conseguir las refacciones adecuadas para la reparación, hace una manchincuepa o una mexicanada y pone a funcionar el automóvil para que el dueño pueda llevarlo a la agencia mas cercana. El ingenio del mexicano es reconocido mundialmente.
Pero lamentablemente no siempre el ingenio lo usamos en algo provechoso ni estamos en disposición de brindar nuestro máximo esfuerzo, es justamente la ley del máximo provecho a cambio del menor esfuerzo y eso no es fruto de un razonamiento lógico, sino de un pensamiento proclive a la flojera.
Las llamadas ayudas o apoyos, eso deberían ser, coadyuvantes para el sostenimiento de las economías particulares pero no substitutas del trabajo productivo que contribuye a disminuir la pobreza y a cambio orientar al país a la plena producción, a su riqueza económica, al verdadero bienestar, no al del discursito barato.
Nuestro país ha tenido a lo largo de los años un sistema que podemos identificar perfectamente con el estado paternalista; desde los gobiernos emanados de la revolución hasta el actual, han implementado diversos programas de apoyo para las clases más necesitadas. No está nada mal, pero el problema brota cuando esos apoyos o ayudas, se otorgan a cambio de votos lo que corrompe lo que alguna vez fuera concebido como algo provechoso y útil.
El gobierno actual aumentó esos apoyos, mismos a los que se les etiquetó como “ayudas de López Obrador” monumental mentira puesto que el expresidente jamás dio dinero alguno de su bolsa, pero así se le ha vendido la idea al pueblo, y la gran mayoría de quienes reciben esa ayuda, la identifican como la ayuda de López Obrador lo cual repito, es falso absolutamente, porque ese dinero no sale del bolsillo de ningún presidente sino de todos los mexicanos que con nuestros impuestos pagados de manera directa o indirecta contribuimos.
En este sexenio, que continúa el camino de la hipocresía y demagogia del anterior demagógico del anterior, se sostiene que la señora Sheinbaum es la que les da las ayudas a las madres trabajadoras, a los jóvenes construyendo el futuro, forma los patrimonios de las becas del bienestar, las becas Benito Juárez, a las mujeres de 60 y más, a los adultos mayores, a las tandas del bienestar, el programa sembrando vida y tantos y tantos que surgen conforme la imaginación permite ,con el objeto de mantener compradas a las conciencias irreflexivas que no logran captar la enorme mentira y demagogia.
Son compradas las voluntades, porque las ayudas se otorgan a cambio de los votos aunque lo hagan de manera velada y en otras ocasiones abiertamente; así pierden su contenido social para transformar las ayudas en instrumentos de cambio y cooptación, fruto de una política manipuladora; las conciencias son irreflexivas, porque la gente no se pone a pensar que el dinero que reciben no procede ni del bolsillo del expresidente que vive en Palenque, ni tampoco de la bolsa de la señora que ocupa Palacio Nacional. No es cierto.
Es preciso aclarar que esas partidas presupuestales etiquetadas con la envoltura de apoyos sociales y que en el fondo representan el compromiso del voto a cambio del dinero, no son obra ni del gobierno del señor López Obrador ni de la señora Sheinbaum Pardo; desde la época del Presidente Lázaro Cárdenas se vienen otorgando con distintas denominaciones y modalidades, pero en el fondo es lo mismo, solo que antes se daban a cambio del voto por el PNR, luego por el PRI, más tarde por el PAN luego de nuevo por el PRI y ahora por MORENA, hay que llamar a las cosas por su nombre. Hablando de refranes. La misma gata, pero revolcada.
Todo este esquema representa la imagen clara de un estado con una democracia ficticia, solo de nombre, que pretende estar orgulloso de implementar políticas públicas ejemplares, cuando lo cierto es que en realidad representa el ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas, porque lo que se está ocasionando es fomentar la pereza, la holgazanería, donde es mejor no trabajar ni generar riqueza, inscribirse en el mayor número de programas posible y andar gastando lo que se recibe gratuitamente, si acaso con el esfuerzo de estar parado tres horas en la fila a las afueras de los Bancos del Bienestar para esperar la caridad pública, o sacrificar parte del regalo y compartirlo con el apartalugar para desocuparnos más rápido y así dilapidar lo que obtiene sin esfuerzo a cambio de ir una vez cada tres años a las urnas a cruzar el cuadrito donde aparezcan los colores y el símbolo del partido en el poder para seguir gozando de esos privilegios que dizque ayudan a los pobres, pero solo empobrecen al país, creando un universo de muchos zánganos.
Entiendo perfectamente que muchos adultos mayores ya no son capaces de valerse por sí mismos y en esto estriba la benevolencia del programa de ellos, y ahí ni hablar, que bueno que reciban esas ayudas, pero en el caso de los jóvenes por citar un ejemplo, he sido testigo de sus conversaciones en las filas del Banco donde se ponen de acuerdo para verse en algún antro y gastarse lo que reciben porque ni estudian ni trabajan y reciben su “ayuda” para gastarla en nada de provecho; eso es lo que se está ocasionando y por eso surge el calificativo de zánganos a los que reciben la ayuda que no necesitan a cambio de no hacer absolutamente nada.
Ojalá y que el Gobierno tuviera conciencia del destino de esos recursos que se están desperdiciando, cuando lo mejor sería la creación de fuentes de trabajo y oportunidades, y no estar regalando dinero que ni siquiera es suyo con tal de mantenerse en el poder. Pero por lo que veo, eso es pedirle peras al olmo.