Análisismiércoles, 2 de enero de 2019
Y… ¿qué pasa? / Irresponsabilidad social
Y… ¿qué pasa? / Irresponsabilidad social
Miguel Jiménez Ibáñez
Concluidas prácticamente las festividades navideñas, de fin de año y en los umbrales del Día de Reyes, nuevamente los índices de contaminación se dispararon al alza. Se decretó contingencia ambiental y la flora, fauna y atmósfera padecieron la negligencia humana en aras de “celebrar” la Navidad y el año nuevo. Los medios informativos dieron cuenta de que en todo el mundo la quema de pirotecnia y el uso y abuso de materiales contaminantes se desbordaron en miles de toneladas.
Esto significa que a pesar de la tremenda golpiza ecológica que a diario propina el ser humano al globo terráqueo, (nuestro único hogar) no entendemos los llamados de los investigadores y tampoco llama la atención social la desaparición de especies naturales y del cúmulo de enfermedades que la misma gente provoca.
Prácticamente no hay rincón del mundo que no esté lleno de desperdicios derivados del consumo humano. Ahora hasta el espacio sideral está lleno de basura derivada de naves, estaciones, satélites y demás instrumentos que si bien son útiles para lo que ahora se denomina “desarrollo tecnológico”, ya pronto será necesaria la recolección de desechos y basura y el confinamiento de la misma. ¡Imagine usted a CAABSA y sus recolectores compitiendo por la concesión correspondiente!
La periodista de la Organización Editorial Mexicana, a través de EL OCCIDENTAL, Elizabeth Ibal, informó ayer que fueron sofocadas 573 fogatas en Zona Metropolitana de Guadalajara solamente en las festividades de año nuevo. Aparte se decomisaron 91 kilogramos de artículos pirotécnicos. Por su parte, la colega Elsa Arenas Inda, también de este periódico, publica que 2019 arrancó con mala calidad del aire con densa neblina y contaminación por lo que se decretó precontingencia atmosférica. No hay que olvidar que diversos grupos religiosos mantienen la “tradición” quemando artefactos derivados de la pólvora, siguiendo la tradición de la quema del copal y del incienso, por mencionar algunos productos usados históricamente en los ritos paganos y teológicos.
¿Destruir la Tierra de esta manera (que se conoce como una obra de Dios) es una manera ritual, religiosa o profana de adorar al creador? ¿Igual el sacrificio de humanos que se realiza a diario con las matanzas y la violencia en términos generales? Será, como dice el vulgo: ¿así lo quiere Dios? Ninguna cantidad de personal burocrático será suficiente ante la autodestrucción social que a diario se practica en este globo azul y ante la creciente irresponsabilidad social en materia ecológica. El ser humano, si quiere conservar el planeta, debe frenar este paulatino suicidio. Tema aparte son las industrias, los vehículos, etc. Y…¿qué pasa?