No se enchile… ¡agarre piedras!
Castrando Ando
Oswaldo Salazar
Lo mío lo mío, son los tacos. Por eso estoy inmerso en una búsqueda permanente de esos sabores, olores y texturas, que inspiren a chuparse los dedos, como la recomendación de esta semana que está de súper lujo.
Ya sé que la babacoa de res es muy común, pero cuando la preparan con cariño, esmero y la complementan con una barra de salsas de otro nivel, ya estamos hablando de los Tacos de Edgar.
Nota al margen: comienzan a sonar las trompetas de “Suavecito” de Laura León. No es jalada, si te la imaginas se antoja más.
Para empezar pide dos con todo, de inmediato vas a escuchar la voz “del Mario” preguntando -nomás porque también es bien castroso- ¿con cilantro y cebolla?, tu acéptale la cortesía, sólo es preámbulo del regaño que te dará unos minutos después.
En los tacos de Edgar todo está bien higiénico, al grado de que Mario, no duda en regañar a medio mundo, si no toman con la cuchara –de forma apropiada- ya sea los limones, los rábanos o por supuesto las salsas.
Para el momento de pedir los siguientes dos con tocho debes considerar una Casera bien helodia, y quemar las naves con un chorro de limón, un toque de sal y una buena cucharada de picante.
Por cierto que el Edgar también es sonidero, de esos que mezclan en fiestas perronas de la Ciudá de México y que mandan saludos a muchas personalidades, entre ellas a Rosa, la que vende mangos.
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