Las cenizas
Manantial
Mayta
Sólo que ahora el problema era dónde iba a descansar esa urna con las cenizas del abuelo. Y por lo que escuchaba, nadie cedería.
Ahora si vi a mi madre muy seria, muy segura y muy enojada. Hijos y nietos de mi Abuelo metidos todos en el alboroto del destino de las cenizas. Y yo pensaba, si mi abuelo estuviera ¿Qué haría?, ¿por qué tanto lío por una vasija? Mi abuelo ya ni la amuela.
El tal Carlos no cedía: -Él se va a nuestro nicho familiar, recuerde el testamento señora Sara, mi padre decidió quedarse con la familia de su hijo mayor que soy yo-.
¡Qué escándalo este! Vi imposible que se pongan de acuerdo, la gente ajena al asunto que caminaba cerca, hasta se detenía a conocer el chisme que atoraba a las dos familias. Nadie permitía nada. Trenzados en la discusión ya se oía que todos opinaban.
Así que decidí hablar en voz alta: -¡Ya no se estén peleando! ¡Por qué no dejan a mi abuelo en un nicho en esta Iglesia y se traen la cenizas de las dos señoras para acá!-, me miraron con tremendos ojos. El cura me secundó: ¡Eso es razonable hijo!























