Crónicas sin filtro
Sobreviví al encierro siendo inocente
Me llamo Mariana Castañeda. Soy hermana de un militar de alto rango que dedicó su vida a proteger al país. Pero a mí, el país me castigó. Me encarcelaron sin pruebas, sin justicia, sin piedad.
Dormía en el piso, sobre una colchoneta sucia y mojada. Me levantaba con las costillas entumidas y el alma hecha trizas. Veía morir a mujeres de tristeza, de golpes, de olvido. Escuchaba los gritos por las noches. Me tapaba los oídos con las manos para no enloquecer.
Salí libre, sí. Pero no soy la misma. Hoy vivo con pesadillas, con miedo a la oscuridad, con sobresaltos cada vez que escucho pasos detrás de mí. Me cuesta hablar de esto sin que se me quiebre la voz.
Pero decidí que mi dolor no sería en vano. Hoy alzo la voz por todas las mujeres que siguen ahí dentro, presas sin razón, golpeadas por un sistema que no escucha ni ve. Mujeres pobres, olvidadas, rotas. Mujeres como yo.
Si tú que me lees has pasado por algo parecido, quiero decirte esto: NO ESTÁS SOLO.
Levanta la mano. Pide ayuda. Tu historia no termina aquí.
Esta es una historia muy real de vida.
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