El museo Palacio de los Gurza trae a tierras duranguenses una exposición inmersiva apoyada de herramientas digitales que nos hace partícipe del arte del pintor neerlandés
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Cuando los estudiosos de la historia política de México intentaron desentrañar el asesinato del presidente Madero, ocurrido el 22 de febrero de 1913, muchos de ellos concluyeron que el magnicidio fue posible porque Madero no tenía personas leales, dejó a muchos porfiristas incrustados en el gobierno y en el ejército, un error que pagaría con su propia vida.
Guardando todas las proporciones, esto podría replicarse en la presidenta Claudia Sheinbaum, quien permitió que AMLO le formara el gabinete y le impusiera, tanto a los líderes parlamentarios como a su hijo, dirigente de facto en Morena. Este error podría costarle la revocación de mandato en 2027.
Pero las cosas se agravan para la inquilina de Palacio Nacional, dados los acontecimientos de los últimos días, parece que la presidenta no sólo carece de lealtades entre quienes conforman los poderes constituidos –incluyendo su gabinete-, sino también entre quienes movilizan a los llamados poderes fácticos.
Lo anterior se sostiene porque de otra forma no puede entenderse la movilización que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) mantiene desde el pasado 15 de mayo, ni la magnitud de las pretensiones que pone sobre la mesa para detenerla; los dirigentes saben que es prácticamente imposible un incremento salarial del 100% y la abrogación de la ley del ISSSTE de 2007.
Debemos recordar que la CNTE fue un factor que jugó del lado de Morena en la elección de 2018 y 2024, a cambio se hicieron modificaciones a la reforma educativa de Peña Nieto para devolverles el control del magisterio a los líderes, con lo que en los hechos la alianza estaba pactada.
Pero hoy la CNTE desconoce los acuerdos y sale a desquiciar las calles y a dejar a cerca de un millón de niños sin clases para exigir lo que presupuestalmente no puede dárseles; a cambio la presidenta les ofrece mesas de diálogo, un incremento salarial del 9%, una semana más de vacaciones y congelar la edad de jubilación, pero no lo quieren.
Una de las reglas no escritas del presidencialismo mexicano es que quien manda en Palacio Nacional lo hace desde el paradigma de las lealtades, así funcionó en los tiempos del PRI. De no darse este factor se corría el riesgo de que asesinaran al presidente, y en estos tiempos, de que le revoquen el mandato.