Análisisdomingo, 23 de marzo de 2025
¿Me amas?
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Después del desayuno, Jesús le preguntó a Simón Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?* —Sí, Señor —contestó Pedro—, tú sabes que te quiero. —Entonces, alimenta a mis corderos —le dijo Jesús. . . Le preguntó por tercera vez: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que Jesús le dijera la tercera vez: «¿Me quieres?». Le contestó: —Señor, tú sabes todo. Tú sabes que yo te quiero. Jesús dijo: —Entonces, alimenta a mis ovejas. (Juan 21:15-17)
La última vez que Jesús había tenido relación con Pedro fue cuando éste lo negó, momentos antes de ser crucificado. Ahora, después de la resurrección, Jesús les está preparando un desayuno y tiene como propósito restaurar a Pedro. Fue después de una pesca el llamamiento de Pedro, será después de una pesca la restitución. Fue en derredor de una fogata la negación, será en derredor de una fogata su restauración personal. Ahí donde nos caímos, ahí somos restaurados. Jesús ya lo había perdonado como amigo, en la cruz.
Jesús no está buscando tener una junta para “aprobar la doctrina” de Pedro en relación a su segunda venida. No está pensando en desarrollar un entrenamiento por los últimos 40 días antes de la ascensión para que Pedro “agarrara la onda” de su liderazgo. No está preocupado porque Pedro entienda los secretos de la oratoria, o domine la homilética para su sermón pentecostal. Tampoco está pensando en darle un seminario de igle-crecimiento. Menos aún está preocupado porque Pedro realice “su sueño” de ser el primer “papa” o sea “feliz” en este mundo.
Lo que Jesús quiere restaurar de Pedro es la capacidad de amar. No le dice a Pedro: ¿amas a Juan o le tienes envidia porque siempre se sienta a mi lado y es todo “fresa”? ó “¿amas a Jacobo o también le tienes celo porque es el otro que también está en todos lados y no hizo mérito? Comienza con la persona más fácil de amar en este mundo: ¡El mismo Jesús! El maestro, el amigo, el Salvador, el pastor de los pastores.
Pedro glorificaría a Dios como mártir, con una muerte digna de alguien que ama como Jesús “nadie tiene mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos”. Amar a Jesús es el comienzo, el primer estadio en aprender a amar de verdad. Si no amo a Jesús que me amó tanto que dio su vida por mí, ¿cómo puedo amar a mi hermano? ¿cómo puedo amar a mi prójimo? ¿Cómo podré amar a mi enemigo? El que murió pero resucitó hoy nos confronta a nosotros con la misma pregunta inquisidora: ¿ME AMAS?