Me emocioné al ver la trasmisión del traspaso de mando donde el ex presidente de la República de Chile, Gabriel Boric entregando el bastón al flamante José Antonio Kast. Me emocioné al ver el recinto lleno de ciudadanos chilenos que militan en partidos tan opuestos en sus ideologías pero que, sin embargo, a la hora de mostrar civismo deciden fortalecer las instituciones y la democracia por el bien del país. ¿Qué hizo posible que aquel acto fuera muy diferente al de otros países donde priman la descalificación? El respeto.
Recordé a un matrimonio amigo que conocí en México y se mudaron hace ya varios años a Santiago: ambos cónyuges profesionistas, universitarios bien formados, de sólidos valores morales y sobre todo, personas de fe, creyentes en Cristo. Recuerdo que había un tema decían “no podían tocar”: refiriéndose a la política. Lo decían de broma, claro, pues uno provenía de familia “pro” y la otra “anti” Pinochet”. ¿Cuál era la clave de su convivencia? El respeto.
En mi país de origen, decimos que en una mesa familiar existen tres temas que hay que evitar: el fútbol, la política y la religión, ya que son temas que se prestan a la discusión y es mejor “llevar la fiesta en paz”- Pero la realidad es que no hay otros temas más apasionantes en cualquier mesa de un argento que esos tres, especialmente el primero. Si eres de Boca y alguien en la mesa es de River es tan peligroso como ser de izquierda y derecha, cristiano o ateo. ¿Qué hace posible la convivencia? El respeto.
Me formé en una universidad pública con fuertes tendencias de izquierda mientras tenía compañeros hijos de militares, que pregonaban ideas de derecha. Estudié en un Seminario donde coincidían profesores americanos con fuerte inclinación dispensacionalista con otros latinoamericanos que adherían a la teología de la liberación. Ambas líneas teológicas convivían en la misma casa de estudios, influyendo por igual en alumnos ávidos de aprender. ¿Cuál era la clave que hacía posible esta convivencia académica? El respeto.
Si hacemos el ejercicio de leer los evangelios bajo el paradigma socialista bien pudiéramos encontrar argumentos para decir que Jesús era “de izquierda”. Si lo hacemos parados desde el otro lado, podemos llegar a la liviana conclusión de decir que adherir a la cosmovisión judeo-cristiana es sinónimo a ser “de derecha”. Todos los extremos son peligrosos porque desde cualquier lado puedo llegar al fanatismo. Y con este, a la falta de respeto al otro.
Ya lo decía el benemérito de las Américas definiendo la paz como “el respeto al derecho ajeno”. Todos tenemos derecho a pensar diferente sin tener miedo a ser descalificado. Todos tenemos derecho a abrazar una idea sin miedo a ser rotulados. Pero, hemos de tener en cuenta que no solo son importantes las ideas sino el espíritu con el que se proyectan las mismas: ningunear, desacreditar, descalificar, burlarnos, rotular, discriminar, amenazar, nunca fueron las formas de Jesús, tampoco deberían ser las nuestras.