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¡Dos de octubre no se olvida!
Mariano Alvarado Martínez
Ha sido desde 1968, hace cincuenta años, el rito con que los protagonistas de aquella época buscan mantenerla viva como un recuerdo de un martirologio derivado del autoritarismo, o quizá de intereses externos.
Hace 50 años, un joven estudiante de agronomía, en la Escuela de Chilpancingo, es ahora un próspero agricultor, productor de básicos vivió aquella hazaña que analiza a distancia y que al paso de los años le queda grabada.
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Visto a la distancia. Guillermo Calvillo considera que aquel 1968, aquel Tlatelolco sólo fue el clímax de un movimiento que se sembrara tiempo atrás.
Tlatelolco fue la final -dice el agrónomo- pero se incubaban otros hechos.
El bazucazo de la Prepa 5, los vientos no del todo reprimidos.
El porqué era muy parte del comité estudiantil alguien llamado Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, que alcanzó mucha notoriedad el 2 de octubre del 68.
Ya una vez, como protesta por diversos acosos de gobierno, habían convertido en la calle, cerca de La Alameda, estudiantes del Poli, la UAN y Chapingo y con ellos unidos un 26 de julio como protesta por la intromisión del ejército de la vocacional.
Se convino en llegar ahí, al ahora eje Lázaro Cárdenas, pero alguien arengó: ¡al Zócalo! ¡Al Zócalo!
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Y se fueron al Zócalo.
Ahí convirtieron el mitin en una protesta que a distancia había bastado, cuando izaron la bandera rojinegra en el asta monumental del Zócalo y echaron a vuelo las campanas de Catedral.
Se entendió como una provocación, un desafío al gobierno.
Desde Palacio Nacional, con altavoz, los arengaban a abandonar la plaza, a respetar sus símbolos, los advertía de las necesidades de que se fueran so pena de enfrentase al ejército.
No, no hicieron caso y de pronto se abrieron las puertas de Palacio y salieron las tanquetas, los soldados, armas en ristre.
Se cerraron los cuatro costados de la plaza, pero les dejaron libre una calle para que abandonaran el lugar.
Sonaron disparos, hubo muertos pero en ese tiempo la prensa no dio cuenta.
No había redes sociales, sólo los estudiantes, entre los que estaba Calvillo, sabe de muchos que dieron las vidas por ese desafío a una autoridad como la de Gustavo Díaz Ordaz.
Como todos, Guillermo Calvillo tiene opiniones encontradas del entonces presidente: asesino porque ordenó matar, pero también patriota, “huevudo” y honesto, muy honesto.
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Huevudo porque aceptó toda la responsabilidad del hecho que ocurrió entonces en Tlatelolco.
Guillermo Calvillo se retrae en sus recuerdos a su época de estudiante novato y relata las novatadas (noveladas les decían ellos, por novel) que no dejó muertos como en Aguilera pero eran más crueles.
Las noveladas (de novel) iban además de la peleadera, los golpes, hasta los novatos pasaban de macizos a darles pamba.
Obligar a los nuevos a hacer la cama y servir la comida de los mayores, fueron hostilizados hasta que una vez, el entrevistado arengó a otros. Somos más, vamos a enfrentarlos.
Los enfrentaron, ganaron y se acabó el bullying.
Vuelve a la lucha estudiantil de aquella época.
Se habló de infiltrados de disparos, sin los soldados o los estudiantes.
Nunca se sabrá.
Por cierto, es creado un comité de huelga, al que Calvillo no perteneció en el Poli y en la UNAM presentó un pliego radical al presidente, con posturas radicales que no iban a complacer.
Eliminación del delito de Disolución Social, renuncia de los comandantes de los granaderos, algo que quizá ni ahora se aceptaría, menos en aquel entonces. Ninguna autoridad iba acceder.
Díaz Ordaz, por su parte, para frenar el conflicto les ofreció liquidar el movimiento que en realidad empezó un 26 de julio, conmemorativo de la revolución cubana, en el Zócalo cuando fueron impedidos a salir y los dispersó no sin antes dejar alguna sangre en la plaza.
Con el movimiento simpatizaban intelectuales de izquierda como Luis de Alba, Heberto Castillo, José Revueltas…
Pero de algo que está convencido el entrevistado, es de que aquello fue un antes y un después, que sin aquél movimiento no se tendrían los rasgos democráticos de que se goza ahora, de los que acaba de dar pruebas el ciudadano en las pasadas elecciones.
Eran los tiempo de hegemonía de un partido, del mando durante, apoyado sobre las armas.
No había disposición al diálogo, aunque acepta que en esa vez, fueron los estudiantes los que lo rechazaron.
Hubo un detalle de Díaz Ordaz, declaró en público que les ofrecía su mano.
En cambio, días antes del 2 de octubre, fue cuando ya se sentía el movimiento en la sangre, llegó a Chapingo el entonces secretario de Agricultura, Juan Gil Preciado, en una caravana automotriz blindada apoyado por camiones con militares vestidos de civil.
Los instó a abandonar la escuela y en cuanto amartillaron las armas tuvieron todos que ceder.
Hubo muchas advertencias pero, no se dio marcha atrás, de ahí que tenga sus dudas si como dijo Díaz Ordaz entonces había fuerza externa interesada en desestabilizar.
Se dijo que se buscaba boicotear las olimpiadas,
Tiene sus dudas, porque cuando el movimiento empezó, ya estaban en marcha los preparativos para la fiesta de deportiva.
Guillermo Calvillo era estudiante de la Vocacional del ITD cuando estalló aquí en el 66, el movimiento de Cerro de Mercado y era segundo del principal iniciador, Vicente Roldán.
Hubiera sido presidente de la Sociedad de Estudiantes si no hubiera emigrado a estudiar agronomía en Texcoco.
El entonces joven estudiante de agronomía pudo caer en la cárcel pero tuvo la suerte de que el procurador era Pedro Ojeda Paullada y su secretario Héctor Palencia Alonso, quien le sugirió huir pues estaba en la lista de los capturables.
Huyó, anduvo por Chihuahua, por Sonora, no se hizo presente en Durango porque sabía que sería el primer sitio donde lo localizarían.
Pasado aquello, todavía parece sentirlo, todavía siente la presión de quien ahora no se puede quejar ya.
Siente que aquello no fue en vano; que Tlatelolco, con sus mártires, con su masacre, son sus militares torvos y estudiantes nobles, marcó una época para bien.
Que esa sangre de Las Tres Culturas no fue derramada en vano.
Hace 50 años, un 2 de octubre en la plaza se escribió la historia de esta era.























