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Análisissábado, 10 de diciembre de 2022

Mi gusto es… (O la otra mirada) | Cabo…

Pero no es sino hasta ahora que la veo, cuando me percato que, como mucha gente, el equipo de producción y su asesores —si los tuvo— creen que Los Cabos es una ciudad determinada y no uno de los cinco municipios que conforman el Estado.

No hace mucho, platicando con un primo que labora como taxista en el aeropuerto al respecto de este enredo, constataba lo que les estoy diciendo y como muestra de ello me decía que en más de una ocasión los viajeros le preguntan:

—¿Cuántos nos cobra por llevarnos a Los Cabos?

—¿A Los Cabos? A Los Cabos ya llegaste, tal vez quieras decir a San José del Cabo o a Cabo San Lucas...

No, frente a la civilización siempre habrá una resistencia. Por lo desconocido y por lo que, al pasar de los años, habremos de conocer. Una resistencia natural y una que tarda en soltar la pronunciación.

Desde ese cónclave silvestre el habla de los grandes refería lo que escuchábamos lejano. Lo transpeninsular, ese dragón de cemento que ya extendía su lengua desde la Alta California, apenas era una criatura a la que no dejaban andar tan retirado.

La geografía humana partida en tantas dudas sin respuesta. La muchedumbre desnuda, tirada en la arena como esperando el retorno del fuego para que arda todo y ese puño de cenizas echado desde un aburrido dinosaurio de granito se parezca tanto a un primitivo renacer.

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