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Análisisjueves, 8 de enero de 2026

Sin Medias Tintas / ¡Qué cochinero!

Detrás de esa expresión elegante, casi diplomática, se esconde una realidad cruda: Fue dinero que salió del erario sin que exista evidencia suficiente de que se usó para lo que fue autorizado.

Si sumamos todos los millones, no se trata de una anomalía menor. Son hospitales y carreteras que no se construyeron, insumos médicos que no llegaron y aulas que nunca se crearon o equiparon.

La ASF puede promover denuncias penales y procedimientos administrativos, pero todos sabemos que la corrupción del pasado solo cambió de años. Al final, el resultado es una peligrosa normalización del desorden financiero.

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