Al concluir la misa el párroco Tomás Roque reflexionó sobre este pasaje, que, afirmó, es un llamado a reconocer a Cristo como fuente de vida y salvación universal
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En las últimas semanas hemos visto un fenómeno social que, por decir lo menos, ha contrariado a amplios sectores de la sociedad al no poder comprender muchos aspectos derivados del comportamiento humano. La aparición de los denominados therians en un mundo que colapsa en términos de guerra, paz y conflictos económicos generalizados, ha tomado por sorpresa a una sociedad que estaba acostumbrada a “tolerar” y procurar entender manifestaciones sociológicas a las que no se está acostumbrado y que ponen sobre la mesa la necesidad de una discusión profunda con todas las aristas y la más amplia apertura de mente a fin de no caer en estigmatizaciones y segregaciones sociales.
La sociedad mundial ha cambiado casi en su totalidad. Las expresiones de ira e intolerancia ante circunstancias que sólo incumben a los individuos eran atacadas bajo la idea de contravención a los valores y las instituciones que se habían construido durante años. Las manifestaciones en contrario llegaron a convertirse en crímenes de odio cuando se trata de la sexualidad. Afortunadamente la humanidad ha cambiado para comprender esas orientaciones y respetar las decisiones que, en la realidad, no afectan a terceros. Desde luego con las excepciones de países en donde siguen siendo penadas estas conductas.
Pero la comprensión de estas nuevas formas de percibirse y de expresarse respetuosamente, ha sido asaltada súbitamente por la aparición de personas, sobre todo jóvenes, que manifiestan identificarse y autopercibirse como animales, adoptando conductas y lenguajes propios de perros, gatos, caballos y otras especies, lo que ha sido tildado de distracción social ante la grave situación del planeta o, en el peor de los casos, de un trastorno psicológico que debe ser atendido con urgencia.
Si bien en la historia de la humanidad existen mitos relacionados con la comunión entre el ser humano y los animales, este tipo de conductas que encarnan los therians parece que dicen más que una simple forma de expresión o de concepción cosmogónica como en la actualidad. Se ha convertido en un fenómeno individual que preocupa ante la pérdida de valores y comunidad en la sociedad moderna.
Con los pocos elementos coherentes que arroja este movimiento, la psicología y la sociología han intervenido para explicar el fenómeno o, por lo menos, darnos herramientas para darle un sentido que no afecte las relaciones sociales. Desde lo sociológico se habla de la necesidad de un sentido de pertenencia de parte de los sectores más jóvenes ante la transformación de instituciones como la familia o la conversión de la interacción entre las personas que se ha dado en la distancia debido a las formas digitales.
La psicología por ahora deja en claro que el problema no es en realidad un problema sino un fenómeno que debe ser vigilado en lo individual, ya que este tipo de comportamientos no son nuevos pero pueden rayar en la lesión a otros o sí mismos, sin embargo, este tipo de circunstancias deben analizarse a la luz de la ruptura del tejido social, la sensación de abandono y la súbita transformación del núcleo de la sociedad, la familia.
Pensar que esto es una simple conducta aislada sería pecar de irresponsabilidad para con nuestros jóvenes. En lo individual, son circunstancias que deben pasar por el crisol psicológico que atienda necesidades profundas en los individuos que buscan una salida a su soledad, falta de comprensión y necesidad de atención a todo lo que les rodea. Como sociedad, debemos analizar todo lo que se ha perdido en el camino para llegar a este punto en que perdemos conciencia, congruencia y comportamientos sanos en lo físico y lo mental, sobre todo, cuando uno de los mayores problemas que vive el mundo es el de la clara afectación a la salud mental que, incluso, ha arrebatado vidas.