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Mucho hemos dedicado ya a hablar sobre indicadores económicos del INEGI y sucesos geopolíticos que han estado cambiando una y otra vez la plática a nivel global: aranceles, guerras comerciales, deuda e inversión, por decir unos cuantos. Sin embargo, en esta ocasión abordaré un tema que, por más obvio que parezca, considero necesario tocar un poco más a profundidad con la finalidad de entender y dimensionar su importancia en el ámbito macroeconómico del país: el consumo privado.
De manera muy general, podemos definir al consumo privado como todo aquél gasto que realizan los hogares en bienes y servicios: alimentos, ropa, educación, salud, entretenimiento, gasolina, joyas, autos, servicios de vivienda, etc. Ahora bien, si tratamos de analizarlo un poco más a profundidad y, siendo más técnicos, el consumo privado es una de las principales variables macroeconómicas que integran al Producto Interno Bruto (PIB); las otras son: inversión, gasto público y exportaciones netas (exportaciones menos importaciones). Por lo anterior, podemos observar que, ante una caída en el consumo, el PIB a calcular podría contraerse (siempre y cuando la diferencia sea mayor que en el resto de las variables).
Actualmente, el consumo privado representa alrededor del 65 % del PIB en nuestro país; de ahí la importancia de: 1) incentivar el consumo mediante políticas fiscales o monetarias (ojo, hay una gran diferencia entre estas dos: la política fiscal es referente al gasto público y los impuestos, y la monetaria se centra en la gestión de la oferta monetaria y las tasas de interés), y 2) tener un proceso adecuado de medición de esta variable macroeconómica.
¿Cómo podemos relacionar el consumo privado con el desempeño económico de nuestro país? Este componente macroeconómico tiene una correlación positiva con la confianza del consumidor, ya que cuando los consumidores tienen una mayor certeza sobre su situación económica en el corto y mediano plazos, estos tienden a gastar, lo que a su vez se traduce en un mayor consumo. Por el contrario, si el consumidor no tiene certeza, lo razonable sería que disminuyera su gasto, por lo que el consumo sufriría una contracción. En este sentido, un aumento en el consumo genera demanda agregada (que no es más que todos los bienes y servicios finales en una economía), lo que a su vez fomenta la producción de bienes, la inversión (para poder producir más) y posteriormente impacta de manera positiva en la recaudación fiscal (impuestos que recaudan los gobiernos). Ahora bien, ya que tenemos una idea más clara y menos vaga de lo que es el consumo privado, pasemos a analizar los resultados referentes a este componente publicados por el INEGI esta semana, pues, para sorpresa de muchos, al mes de abril presentó un crecimiento de 1.1 % respecto de marzo de este año y de 0.7 % en comparación con abril del año pasado.
Desempeño muy similar al presentado en el mes de febrero de este mismo año, donde el crecimiento mensual fue de 1.4 %, y digo “similar” ya que en enero y marzo se presentaron contracciones de 0.2 %. Desglosando la información por su origen y comparación anual, podemos observar que el consumo privado de bienes nacionales aumentó 4.5 % y de servicios 1.3 %; en contraste, podemos ver que las importaciones tuvieron una gran contracción de 8.3 % para el mismo periodo.
¿Qué significan estos resultados? La caída de los bienes importados y el crecimiento en la demanda de bienes nacionales puede explicarse por varios factores: el tipo de cambio y la inflación, principalmente. Lo anterior se debe a que, al tener una moneda más débil, resulta más caro importar el mismo bien o producto, por lo que la cantidad demandada de ese bien o producto se vería afectada. Por otro lado, y más difícil de medir, puede influir el efecto generado en los consumidores por la guerra comercial impulsada por Trump, así como por las políticas migratorias y los constantes ataques a nuestros connacionales. Pues recordemos que, cuando hablamos de consumo, existen más variables adicionales al precio para tomar una decisión respecto de si consumir el producto “A” o el producto “B”.
¿Qué podemos esperar para el consumo privado? Mucho dependerá de los resultados que tengamos en los indicadores de desempeño económico; sin embargo, si tomamos en cuenta los últimos resultados referentes al sector construcción y la venta de vehículos ligeros, podemos anticipar que es probable ver una contracción en el consumo privado para los meses de mayo y junio, ya que estos dos sectores son la antesala y fungen como indicadores adelantados, al tratarse de bienes y productos que demandan mucho capital. Todo lo anterior nos invita a reflexionar sobre el papel que jugamos los consumidores en la economía nacional pues nuestras decisiones del día a día impactan más de lo que imaginamos.