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Estimado lector, si usted es un lector habitual de mis columnas, muy probablemente esta le parecerá repetitiva, pues desde hace varios años escribir sobre los reportes de Inversión Fija Bruta que nos comparte el INEGI es, para mí, de vital importancia, ya que nos dan un panorama muy acertado sobre el desempeño de la economía y lo que podemos esperar para los siguientes meses. Sobre todo ahora que la administración de Estados Unidos encontró el botón para presionar a diversos países: los aranceles, mismos que pueden tener diversos efectos en las economías de los países, sobre todo aquellas que tienen una relación comercial poco diversificada y cuyas exportaciones, en su mayoría, tienen como destino los Estados Unidos. Pero no solo eso, pues hay muchos más factores internos y externos que juegan un papel fundamental en cada economía: cambio climático, conflictos geopolíticos, enfermedades y una larga lista de etcéteras.
Dicho lo anterior, para mi columna de hoy retomo este tema, ya que el INEGI publicó —el día de ayer— los resultados del Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF), al que, a partir de ahora, llamaremos inversión fija, correspondientes al mes de junio de 2025, cifras que reflejan lo comentado en el párrafo anterior: complejidad. Pero antes hagamos un pequeño repaso: ¿qué mide este indicador? En términos muy simples (o eso creo yo), se trata del total de los recursos que las empresas y el gobierno destinan a bienes duraderos —maquinaria, equipo de transporte, edificios, infraestructura, entre otros— cuyo fin último es el de producir más bienes y servicios en una economía. Dicho de otra manera, es apostar hoy a que el mañana viene mejor y, por lo tanto, hay que empezar a invertir para que, cuando llegue ese día, podamos hacer frente a la demanda de bienes y servicios.
Ahora bien, analizando los datos podemos observar que la inversión fija bruta retrocedió únicamente 1.4% respecto de mayo (con cifras desestacionalizadas); sin embargo, si ahora comparamos su desempeño con junio del año pasado, se observa una caída estrepitosa de 6.8%, lo que nos deja claro que la apuesta por el mañana no es nada alentadora, pues, como ya lo mencionamos, el resultado de este indicador nos da un panorama más claro y acertado de lo que esperamos en los siguientes meses.
Si analizamos más a fondo los números reportados por el INEGI, podemos encontrar que, de todos los componentes que integran este indicador (construcción residencial y no residencial, maquinaria y equipo: de transporte y de producción), la inversión en equipo de transporte nacional e importado fue la que presentó los peores resultados, con contracciones de 15.5% y 14.8%, respectivamente. Por su parte, la construcción no residencial, es decir, oficinas, bodegas, centros comerciales, hospitales, centros deportivos, etc., también tuvo un retroceso muy importante de 13.8%. Lo anterior nos deja ver que el sector empresarial, que es quien genera empleos y produce los bienes y servicios que consumimos, no está apostando a que la economía de nuestro país va a tener un mejor desempeño, por lo que pausa sus inversiones por la incertidumbre generalizada que existe, resultado de agentes externos (Trump y sus aranceles) e internos (reformas estructurales, corrupción, inseguridad, etc.).
En contraste, la inversión fija en construcción residencial tuvo un gran desempeño, alcanzando las dos cifras y cuyo resultado ayudó a amortiguar un poco la contracción presentada de manera general por este indicador, pues, en comparación con el mes de junio de 2024, esta tuvo un crecimiento de 11.8%. Ahora bien, este resultado puede tener diferentes lecturas: 1) las familias mexicanas están teniendo mayores recursos disponibles (mediante ahorro o deuda) para poder construir vivienda, o 2) los empresarios y desarrolladoras están apostando hoy a construir grandes desarrollos de vivienda a lo largo del territorio mexicano. Cualquiera de las dos tiene, en el corto plazo, un impacto positivo en nuestro país, pues la construcción es la industria que más peso tiene en las economías por su integración con un gran número de ramas y su demanda intensiva de bienes y servicios.
Pero no todo es miel sobre hojuelas, pues si bien la construcción residencial tuvo un buen desempeño, si aún desagregamos más la información, podemos encontrar uno de los datos más alarmantes, pues comparando junio 2025 vs. 2024 se observa que la inversión pública cayó un total de 24.0%. Contracción que es el resultado de la falta de inversión pública en megaproyectos como lo fueron el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto Felipe Ángeles y otras tantas más que fueron bastión de la administración pasada. De ahí que se desprende que, particularmente, la inversión pública en construcción presentó una abrupta caída de 33.3% para el mismo periodo comparado.
La brecha entre el sector privado y público es muy clara, pues mientras el sector privado resiste con cautela, la inversión pública ha puesto el freno de mano en aquellas cosas que tienen un mayor impacto en el mediano y largo plazo —el desarrollo de infraestructura— para enfocarse en el corto plazo mediante el aumento considerable en las transferencias y los programas sociales. Lo que nos hace cuestionarnos y reflexionar: ¿serán suficientes los esfuerzos volcados en el Plan México para hacer frente a estas contracciones que ya se veían venir o caeremos en una espiral por el bajo desempeño económico y la insostenible conducta de las finanzas públicas de nuestro país?