Luego de una pausa saludable para mis estimados lectores –sin importar condición o género-, estoy de nueva cuenta con ustedes y por supuesto, como es usual agradeciéndoles su fino interés en leer esta columna que ya tiene desde el 2009, al igual a la casa editorial que abre sus páginas, igualmente sin más condición que la escritura respetuosa. Bien, al punto:
No es ninguna novedad ya, en estas alturas y condiciones de la política partidista –que no necesariamente de beneficio real y público- que el rio morenista, joven en su estructuración y con fines ambiciosos, añejo y mal sano en sus cimientos de un partido en su tiempo, hegemónico, criticado, en momentos corrupto en su élite, que finalmente perdió su brújula ideológica, pero que no se puede negar fue también de donde surgieron las Instituciones, particularmente las de un beneficio público, social, cultural y económico, qué, sin entender bien ni por el grueso morenista y simpatizantes; su líder tuvo –y hay quien asegura que sigue mangoneando- como meta la mera destrucción de esas Organismos Públicos, que aunque de eficacia relativa y a veces circunstancial, eran útiles, pero lo grave es que no fueron suplidas por otras que debieron ser más eficaces, porque de lo contrario, como sucede, el “cambio” resulta vanas.
Hay que puntualizar que no es un simple “ataque”. Son, como siempre, los hechos que dan la respuesta y claro, el tiempo transcurrido. Por más que el oficialismo niega esos hechos que están a la vista, que no son difíciles de al menos intuir –porque no tenemos los ciudadanos los “pelos de la burra”-, pero que la sola duda debe despejarse de manera clara. Y, se elude esa responsabilidad, desde la que se supone es la cabeza y que dice una y otra vez, qué “no llegó sola”. Desde luego que esa frase es por demás ambigua y se puede interpretar de muchas formas, aún aquellas que son de buena fe. En fin.
El lastre que ha resultado el más pesado, es de aquél que se presenta como infalible, intocable, a veces burdo por simple soberbia, rayando en la grosería, en la intolerancia. Se dijo “hermano” por el expresidente cuyo sexenio de 2018-2014, es precisamente cuando se encumbró. Ahora “hermano” incómodo, pero en grado superlativo. Sin embargo, todo indica que será “protegido” por el morenismo, siendo de mayor gravedad que ese manto, sea tendido, al menos oficialmente por la primera mujer –mexicana o no-, desde la más alta investidura política y administrativa de México.
¿Por qué? Hay muchas conjeturas –unas de resultado posible, otras propias de la fantasía oficial-: a.- En primer lugar, retirar temporalmente el fuero de Senador, al implicado. En seguida, cierto es, hay que probar judicialmente los hechos atribuidos al personaje y su pandilla, perdón su grupo involucrado; b.- Hecho lo anterior, que se exige sea transparente, fincar responsabilidades, sin soslayar el derecho a defenderse y, a un juicio en un proceso bien llevado legalmente, para sancionar penal y administrativamente; c.- Es una relevante oportunidad que sin exagerar sea dicho, para la presidente de México, de “lavar el lodo” en su partido y, más en su administración; d.- Dejar por fin, fuera de las decisiones al expresidente –esa parte, es o pude ser parte de la “fantasía”, pero sí se hiciera, ahora sí los mexicanos podríamos creer que hay presidente de México; f.- Terminar con las “mañaneras del Pueblo”, que en lo único que interviene éste último es pagar de los impuestos. Igual podría ser otra “ilusión”, pero en definitiva sería una demostración inicial de que ahora sí, se buscará y, en lo relativo, se logrará hacer algo mejor por los mexicanos; y para terminar esta reducida lista, porque hay mucho más, dejar de tanto machetazo a la Constitución, ir con más calma, y análisis de fondo, mientras Mr. Trump, sale él mismo de su río revuelto.