Lo que hoy, comparto con ustedes, estimados lectores de cualquier género, podrá parecer para algunos incómodo, sin embargo, es una realidad por más que no se admita, ni se quiera que se vea con toda claridad: La verdad existe y eso no necesita ser demostrado. Otra situación es que, la realidad se evite, se tergiverse, se contamine. Todo ello debido a intereses particulares, por supuesto, perversos.
Igual, cabe decir, que no se trata de hechos o acontecimientos extraños a la “política”, del sistema mexicano. No es exagerado señalar que la corrupción es parte del ADN político, y, ciudadano. Sí, los ciudadanos en diversos grados o intensidades, somos corresponsables de todo lo que pasa, simplemente por permitir tales desmanes.
Los hechos: a. No puede ni debe, considerarse como normal, y menos aún, positivo que un líder del género que sea, si de verdad le interesa abatir la pobreza en todos sus sentidos, contradictoriamente, viva en un palacio, rodeado de oropel sacado a sangre y fuego de sus “gobernados” (Nos cuesta más de seis millones de pesos, al mes); b. Que el discurso, precisamente y, a la vista, este fincado en mentiras, disfrazadas de “verdades”, solapando a ésa élite corrupta. Que de manera cotidiana, se gaste en discursos de autoelogio, cuando las carencias son ya ofensivas y criminales en sectores sociales muy disminuidos –al grado por debajo del mínimo humanitario- o en festejos masivos cuya finalidad es el culto a la personalidad (Propia y de tercero, ahora incómodo que según vive en el Sureste); c. Que, vertiginosamente, se estén destruyendo las Instituciones –ya saben cuáles y cuántas- sin sustituirlas por otras mejores; d. Que no exista otra estrategia fiscal-impositiva, que el aumento de porcentajes, que se va ahogando a las pequeñas y medianas empresas –que sacan a flote al País-; f. Que no haya otra, que un sistema corrupto electoral de los Partidos, Tribunales Electorales y un INE, desfundados; g. Una serie de “reformas” a leyes, como la del Amparo, que son regresivas y para colmo, en el horno legislativo, otras igual o más lesivas. En fin, la lista es larga, comparada con lo positivo, que bueno, hay que reconocer: Al menos se intenta ir abatiendo la delincuencia organizada y la no tanto; sin embargo, la sociedad debe exigir que se sometan a la Ley y la Justicia, a esa élite pútrida de MORENA. No porque Mr. Trump, lo diga, sino por simple cumplimiento de la responsabilidad constitucional del régimen actual, federal.
LA CONDICIÓN SINE QUA NON: Será que por fin, y vaya que debemos ser conscientes de que todo cambio se ajusta en el camino, ya hay algunas señales de que la presidenta se está poniendo las pilas. Está rodeada de enemigos en su círculo (Aquéllos que le impuso su “mentor”) y debe deshacerse de ellos, porque de lo contrario destruirán lo poco que ella, viene haciendo. Debe hacer un deslinde –por los medios legales competentes- de las responsabilidades en el grado que se acredite, de esos “líderes” que resultan no sólo incómodos, sino perniciosos. Y hay que dejar claro que no se trata de ideologías, ni confrontación inútil, ni ataque sin sentido fundado: El punto toral, es la gobernabilidad, entender que no estamos la mayoría de mexicanos listos o proclives a un régimen socialista o comunista, menos con la visión cubana o venezolana que, lo que traen a sus pueblos, es una miseria de grado superlativo, que no podemos ser independientes al concierto mundial llamado “globalismo”; que sí queremos ser respetados, pero con las debilidades y conductas criminales de esos “políticos” mafiosos, son un talón de Aquiles. Es lo que hay. La presidenta es la que tenemos, no hay otra. Mientras tanto, los ciudadanos debemos empujar hacia adelante, no para atrás. Cuídense.