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Análisisviernes, 30 de enero de 2026

La crudeza de Sinaloa

Sinaloa vive días cada vez más oscuros, en un clima social enrarecido por la violencia, la incertidumbre y el miedo que se extiende por todo el estado.

Y es que la inseguridad ya no es solo una sensación, es una realidad que los ciudadanos viven y miles de familias, víctimas directas, sufren.

Según cifras del INEGI, más del 80 por ciento de los habitantes de Culiacán y Mazatlán se sienten inseguros. Esa cifra por sí sola retrata el tamaño del problema.

Pero lo más grave es que la violencia ya no se limita a esas zonas tradicionalmente marcadas por la criminalidad.

Pero el problema no es si vienen o no vienen.

Lo urgente, lo indispensable, es que haya resultados tangibles.

Porque la ciudadanía no necesita visitas, discursos ni diagnósticos repetidos. Necesita recuperar la paz. Necesita que el Estado cumpla con su función básica, que es garantizar la seguridad.

Y esa tarea no ha podido cumplirse en casi un año y medio de una guerra abierta entre grupos delincuenciales que parece no tener fin, mientras los sinaloenses siguen atrapados en medio del fuego.

Sinaloa no merece acostumbrarse al miedo. Sinaloa merece vivir.

Por lo pronto, es lo que hay.

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