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Análisisviernes, 19 de diciembre de 2025

Borges en 1925: centenario de Inquisiciones y Luna de enfrente

por Antonio Cajero Vázquez

Vanidosas ilusiones

de tragarte Inquisiciones

y producirte una fiesta,

cándido lector, no forjes,

porque es sinónimo Borges

de encefalitis y siesta.


Otro crítico que firma con las iniciales “E. G. T.” le dedica un epitafio:

Consérvate en el rincón

donde empezó tu existencia:

Borges que cambia querencia

se atrasa en la “Inquisición”.


Por su parte, la indignada letra “D.” se ensaña con el apócope de palabras terminadas en d:

Jorge Luis Borges al fin murió

y contra todas las previsiones

sólo logró

hacer algunas “inquisiciones”,

donde nos dijo con claridá

sus intenciones novo-genéticas

introduciendo la novedá

de ortografías ultra-fonéticas.

Dejó una herencia pobre y ligera:

un montoncito de letras d

que a las palabras cortando fue

con la tijera.


Finalmente, los versos de Leopoldo Marechal sobre el malhadado libro:

Yace aquí, profesor de sueño, 

Jorge Luis Quevedo y Argote. 

La Retórica está sin dueño.

Galvanizarlo es vano empeño:

murió por falta de bigote.


El Colegio de San Luis

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