Borges en 1925: centenario de Inquisiciones y Luna de enfrente
por Antonio Cajero Vázquez
Vanidosas ilusiones
de tragarte Inquisiciones
y producirte una fiesta,
cándido lector, no forjes,
porque es sinónimo Borges
de encefalitis y siesta.
Otro crítico que firma con las iniciales “E. G. T.” le dedica un epitafio:
Consérvate en el rincón
donde empezó tu existencia:
Borges que cambia querencia
se atrasa en la “Inquisición”.
Por su parte, la indignada letra “D.” se ensaña con el apócope de palabras terminadas en d:
Jorge Luis Borges al fin murió
y contra todas las previsiones
sólo logró
hacer algunas “inquisiciones”,
donde nos dijo con claridá
sus intenciones novo-genéticas
introduciendo la novedá
de ortografías ultra-fonéticas.
Dejó una herencia pobre y ligera:
un montoncito de letras d
que a las palabras cortando fue
con la tijera.
Finalmente, los versos de Leopoldo Marechal sobre el malhadado libro:
Yace aquí, profesor de sueño,
Jorge Luis Quevedo y Argote.
La Retórica está sin dueño.
Galvanizarlo es vano empeño:
murió por falta de bigote.
El Colegio de San Luis


















