En términos comerciales, no es exagerado decir que México se encuentra bajo una espada de Damocles. Esto es así porque la incertidumbre sobre cuál será el destino del T-MEC es cada vez más aguda. Existen varias razones que documentan nuestro pesimismo.
Entre ellas, la volatilidad de las decisiones del Presidente de Estados Unidos hacen pensar que cualquier cosa puede pasar. Este es el sentido de lo que recientemente opinó la International Chamber of Commerce México (ICC).
De acuerdo con su Presidente, existe una posibilidad muy real de que se modifique la llamada cláusula de caducidad o “sunset clause”. Esto, en pocas palabras, significaría que el tratado caduque automáticamente sin que haya un proceso de renovación o renegociación.
Se pensaría que algo así no sucedería pues iría en contra del interés de Estados Unidos y, de hecho, de los otros dos países socios en América del Norte. Habría que pensarlo dos veces antes de rechazar la posibilidad de que esto suceda, sobre todo con Trump en el poder.
Habrá que recordar que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses. Aunque hay que agregar que si eso es cierto para la mayor potencia del mundo, lo es también para los demás. En ese sentido, cualquier gobierno debe tener claro cuál es su interés y posteriormente cómo actuar en consecuencia.
Debería ser claro que existen suficientes razones para pensar que el interés de México, en términos geopolíticos, consiste en conservar y fortalecer la relación privilegiada que tiene con Washington a través de un mecanismo que facilite inversiones y comercio
Ninguna nación se ha beneficiado tanto com México de su interacción económica con Estados Unidos.
Cuando Porfirio Díaz lamentó que México estuviera más cerca de Estados Unidos que de Dios lo hizo pensando en la potencial dependencia de nuestro país en su relación con su vecino del norte. No parece haber meditado demasiado en la forma en que nuestros dos países establecerían una relación de gran interdependencia al punto de que se desarrollarían regiones prácticamente binacionales como CaliBaja ni que la comunidad mexicana en aquel país se convertiría en una de las más influyentes.
Por todo ello, el gobierno en funciones debe trabajar en una estrategia para que el actual T-MEC no sólo se mantenga en operación sino que de paso a un mejor arreglo beneficioso para la región de América del Norte en su totalidad.
Hay que decir que existen tendencias preocupantes que pueden poner en peligro la relación armoniosa entre nuestras naciones. El deterioro institucional, la inseguridad ciudadana y la incertidumbre jurídica en México son tres factores que no juegan en favor de elevar el nivel de relación entre países que no deberían ser vecinos distantes. Aún hay tiempo de reconducir la embarcación. Pero no demasiado.