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De acuerdo con un estudio elaborado por el Oxford Economics para la International Chamber of Commerce, en caso de que el sistema multilateral de comercio colapse, podría haber una caída del 5.1 por ciento del PIB en las economías de los países en desarrollo para el 2030.
La posibilidad de que esto suceda no es menor, al juzgar por los últimos acontecimientos geopolíticos. Por ello, sería indispensable repensar las vulnerabilidades de México para implementar cambios que promuevan el aumento de nuestra seguridad geoeconómica.
Uno de ellos tiene que ver con nuestra vulnerabilidad fundamental en el uso de gas natural. México, hoy, mantiene una dependencia estructural crítica de Estados Unidos para el suministro de este producto. Al cierre de 2025, las importaciones desde el vecino del norte alcanzaron niveles récord, pues promediaron 6,758 millones de pies cúbicos diarios.
México importa aproximadamente del 70% al 76% del gas natural que consume de Estados Unidos, del cual 94% al 98% proviene exclusivamente de Texas y otras regiones estadounidenses. Para tener una idea de lo que esto significa: el 60% de la electricidad del país se genera utilizando este gas importado, lo que vincula directamente la estabilidad del sistema eléctrico nacionalcon el suministro externo desde Estados Unidos.
La vulnerabilidad mexicana queda de manifiesto si pensamos que México cuenta con una capacidad de almacenamiento extremadamente baja, estimada en sólo 2.4 días de inventario. Esto significa que cualquier interrupción en los gasoductos fronterizos impacta casi de inmediato en la generación de energía del país entero.
Dado que la producción de gas natural es nativo de Estados Unidos y no depende de la geopolítica del Medio Oriente, se pensaría que México estaría exento de eventos como la clausura del Estrecho de Ormuz. La verdad es que el cambio climático ha hecho que eventos como tormentas invernales en Texas hayan provocado apagones masivos en México anteriormente, lo que evidencia la fragilidad de depender de una sola ruta de suministro.
La dependencia se ha profundizado debido a que el gas de Estados Unidos es uno de los más baratos del mundo. Mientras que la demanda interna sigue creciendo, la producción nacional de Petróleos Mexicanos (Pemex) ha mostrado una tendencia a la baja o insuficiente en la última década, lo que obliga a recurrir a las importaciones para cubrir el déficit.
El gobierno actual tiene como objetivo aumentar la producción nacional de gas para el 2030 y reducir la dependencia en un 20%. Sin embargo, para 2026, se proyecta que esta seguirá siendo el desafío principal del sector energético debido a la necesidad de mantener el respaldo de energía base para el sistema eléctrico.
En este punto valdría la pena preguntar qué llevó a que un país como Estados Unidos - por tantas décadas dependiente del suministro de petróleoy de gas del Medio Oriente - se haya convertido en un exportador de estos recursos. La respuesta es que fue gracias al auge del fracking (fracturación hidráulica), que Estados Unidos logró generar un excedente masivo de gas que supera su demanda interna. En un cambio epocal, Estados Unidos exporta hoy más del 20% de su producción total.
Dándose cuenta de esto, aunque tardíamente, el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum ha abierto la posibilidad de que México pueda recurrir a la fracturación hidráulica para obtener petróleo y gas, siempre y cuando no se dañe al medio ambiente y se tome en cuenta los derechos de los habitantes de las zonas a explorar. Dos puntos con los que, por supuesto, hay que estar de acuerdo. Esperemos que pronto se tome la decisión correcta.