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El artículo 2 del Tratado de la Unión Europea establece lo que se conoce en el derecho internacional como la “cláusula democrática” y es el corazón de su ideología, que se traduce lisa y llanamente en que sin democracia no hay adhesión y la misma implica un compromiso total con los derechos humanos, las libertades fundamentales, el estado de derecho y la igualdad.
El artículo reza así: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a las minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”.
Se materializó en la relación con México a través de su “Acuerdo de asociación económica, concertación política y cooperación entre la Comunidad Europea y sus Estados miembros, por una parte, y los Estados Unidos Mexicanos”, firmado por nuestro país en 1997 y que entró en vigor el 1 de julio del 2000.
Fue en ese mismo espíritu que junto con la diputada Manque Granados propusimos en el diálogo con legisladores, tanto demócratas como republicanos, de los Estados Unidos, la adhesión de un capítulo específico de colaboración entre ambos países en materia de seguridad nacional. En vez de una amenaza permanente de aranceles, en Acción Nacional, proponemos llevar la relación comercial y la coordinación en contra del crimen organizado a la letra con compromisos y obligaciones puntuales para ambas partes.
Como le dije a Michael McCaul, apoyamos las operaciones juntas siempre y cuando sean autorizadas por el Senado y respeten la soberanía y Constitución de ambos países; coincidí con Carlos Giménez y Dan Meuser en que no se trata de una mera revisión económica, no debe ser un mero trámite. Cuando el tratado nació no existía la narcopolítica a la dimensión que hoy tiene, el Poder Judicial no estaba capturado por completo, no existían las industrias de contrabando de fentanilo y huachicol fiscal, y tampoco el flujo masivo de armas ilegales a los cárteles aliados de Morena.
Retomando la intervención de Beth Van Duyne y de Michael Cloud reforzamos la necesidad de adecuar el marco del convenio con garantías plenas de cooperación entre ambos países, para evitar incumplimientos y retrocesos como el del gusano barrenador o el sabotaje a la DEA del sexenio anterior, por privilegiar los abrazos al narco, y comparto el reclamo de Lou Correa por el trato que la Guardia Nacional y Migración les da a los paisanos a su regreso, intentando robarles sus ahorros.
Varias actitudes llamaron mi atención ese día que deseo compartir en este espacio, empezando porque ni un sólo legislador de Estados Unidos mencionó a Trump, hablaron de su país y de su gobierno, siendo una delegación plural se abstuvieron de hacer proselitismo partidista, en cambio, Morena se la pasó elogiando a Sheinbaum y a Trump, sí como lo oye, las voces de la 4T se dedicaron a hablar maravillas de Donald.
Ni media sílaba dijeron del petróleo a Cuba, de Nicolás Maduro, de las amenazas permanentes de aranceles ni del derecho internacional que tanto invocó Sheinbaum en defensa del delincuente de Miraflores. Dijeron que la relación vive su mejor momento, como nunca, gracias al liderazgo de ambos presidentes, lo cual es falso pues el verdadero momento de oropel fue cuando AMLO fue a arrodillarse a Washington con Trump en plena campaña para apoyarlo contra Biden.
Solamente Pedro Vázquez del PT espetó una crítica a las redadas de ICE, respetuosa pero sí levantó la voz, nadie más de la 4T dijo una sola sílaba de algo que preocupara o no fuera perfecto en la relación bilateral, lo cual confirma que el profesor Alberto Anaya no miente cuando dice que su partido es la verdadera y única izquierda de México. Los neoliberales de Morena sólo hablaron de cifras comerciales y porras a Trump.
Quedan claras sus dos caras, la dócil y complaciente con Donald cuando están frente a él o sus legisladores, tal y como son las llamadas entre Sheinbaum y Trump de total complacencia y sí a todo, hasta a operaciones encubiertas no aprobadas del FBI, como la de Ryan Wedding, y la propagandística de las mañaneras llenas de demagogia y tan sólo una puesta en escena de “templanza” para la chairiza y los medios de comunicación