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En México el poder no siempre se ejerce con hechos. Estamos gobernados por un discurso que cambia según la ocasión, que se acomoda para entrar en los oídos y que administra la esperanza, pero disfraza la realidad. Frases que anestesian, pero realidades que una tras otra nos lleva a la consciencia.
Es un fenómeno alarmante. A través de falsas ofertas laborales en redes sociales, vínculos comunitarios y prácticas que vulneran los derechos humanos, los grupos criminales reclutan a jóvenes, truncando su desarrollo y arrebatándoles el futuro.
En esta guerra, los jóvenes son soldados del crimen organizado, sicarios con promesas de empleo y poder. El reclutamiento de jóvenes por parte de grupos criminales, está tomando dimensiones alarmantes. Los jóvenes son víctimas y victimarios. No hay cifras oficiales de reclutamiento, pero los jóvenes desaparecen en mayor cantidad año tras año y el reclutamiento es una posible explicación a ello.
Y es que no se trata simplemente de jóvenes que “se meten por gusto” al crimen. Se trata de quienes crecen sin oportunidades reales, rodeados de violencia, desempleo, deserción escolar, abandono y con escasas redes de protección. Muchos participan porque no les queda otra salida; otros lo hacen bajo amenazas que no pueden ignorar. En cualquier caso, la decisión rara vez es libre: es el resultado de un entorno que empuja más de lo que el Estado sostiene.
El reclutamiento ya es un tema de seguridad nacional, no solamente un problema social aislado. Además de multiplicar la violencia, cada joven que es reclutado por el crimen organizado es un fracaso del Estado y una fractura en el tejido social. La prevención es la estrategia a la que se debe apostar. El Estado tiene que ganar la batalla, ofreciendo futuros con oportunidades a los jóvenes.
Es alarmante que el delito de reclutamiento de jóvenes aún no esté tipificado. Existen algunas iniciativas impulsadas por legisladores, pero hasta ahora ninguna se ha concretado. Mientras tanto, el reclutamiento sigue sin reconocerse formalmente como delito. Y, en definitiva, no es la única carencia: combatir el crimen con detenciones no será suficiente. Es imprescindible frenar la captación. Se requiere de una ruta operativa, que reconozca que el reclutamiento es un problema multifactorial.
Las narrativas que lo reducen a un “problema de criminales” o de “jóvenes perdidos” fallan en dimensionar el gran alcance que conlleva esta problemática. Enfrentar el reclutamiento exige diagnósticos, acciones concretas, programas de prevención focalizados, fortalecimiento de controles digitales en redes sociales. Es necesario un plan y una política pública paralela a las políticas de seguridad: mostrarles a los jóvenes el camino que impide la captación y en esas rutas, el fortalecimiento de la educación, empleo digno y oportunidades para un verdadero futuro.