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De acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo) la expectativa de vida de las y los mexicanos pasó de 58 a 75 años en promedio en el último medio siglo, lo que es una gran noticia y, al mismo tiempo, un reto personal y social por construir las condiciones para vivir con salud e independencia en un país que se encamina a un aumento en su población de adultas y adultos mayores.
Llegar a la vejez no debe ser una condena por enfermedad o la imposibilidad de continuar con una vida plena mientras se tengan suficientes facultades. Muchas veces he compartido que una buena manera de medir a una sociedad es evaluar cómo trata a sus adultos mayores y eso incluye la infraestructura y los servicios que son de todos. Si observamos muchos lugares de nuestra nación, su diseño está dedicado a las y los jóvenes, aunque hemos avanzando en contemplar a quienes están en la plenitud de la vida.
Tal vez lo que nos falta es compartir más la información científica que demuestra que la senectud es un proceso que no representa deterioro y menos un ajuste en las actividades que solíamos hacer con menos edad. Sin embargo, hay una realidad que no puede evitarse: todos los días debemos prepararnos para envejecer.
Un curioso experimento de la Universidad de Harvard, que conocí por medio de una amena explicación en video de Gaby Vargas, puso a un grupo de adultos mayores en el entorno donde vivían con normalidad veinte años atrás. Por la famosa novela de Dumas y el inmortal tango de Gardel, sabemos que dos décadas pueden cambiar toda nuestra realidad; sin embargo, a estas personas se les pidió que volvieran a acostumbrarse a lo que hacían en esa época. Todas y todos llevaban, además, una fotografía de ese momento para recordar cómo se veían.
A lo largo de la experiencia, los participantes fueron adaptándose a esas actividades que pensaban olvidadas por la edad. Subieron de nuevo escaleras, cargaron objetos, se hicieron responsables de sus comidas, entre otras tareas que antes eran de lo más común en su día a día. Los resultados fueron lo que se esperaba: las personas mejoraron su vida presente, porque recordaron en más de un sentido lo que eran capaces de llevar a cabo veinte años atrás.
Una teoría interesante, con muchos ejemplos que circulan en internet, es la que refiere la necesidad de incrementar el ejercicio, particularmente el que forma masa muscular, conforme tenemos más años. Es decir, cuando pensamos que ha llegado el momento de tomar las cosas con calma, tenemos que hacer lo contrario por nuestra salud física y mental.
Personas que iniciaron un entrenamiento deportivo o sesiones de ejercicio enfocado en desarrollar los músculos consiguen revertir las consecuencias de la edad y mejoran su capacidad mental, eludiendo las temidas enfermedades de deterioro cognitivo, las terribles consecuencias por caídas, los accidentes vasculares y los infartos.
¿Puede una persona de 65 años desempeñarse igual de bien que una de 45 años? Bueno, todo parece estar en la manera en que vive la persona. Si se mantiene activa, en lo físico y en lo intelectual, no hay mucha diferencia; desperdiciar la salud durante la juventud, por lo regular pronostica una vejez complicada. No obstante, aunque eso sucediera, a casi cualquier edad uno podría revertir una significativa parte de los excesos cometidos. La clave está en detener los malos hábitos hoy (no importan los años) y trabajar en una vida en plenitud.
Suspender progresivamente el azúcar, el alcohol y la comida procesada es un requisito; iniciar una rutina de actividad que nos permita sentirnos exhaustos, o alcanzar nuestro máximo esfuerzo, al menos tres veces a la semana, también es obligatorio; leer, seguir aprendiendo, y estar en contacto con familiares, amigos y otras personas, cierra el ciclo virtuoso de la longevidad.
Vivir para siempre ha sido una obsesión de los seres humanos. Pocas veces nos preguntamos para qué, pero la fascinación con la idea de la eterna juventud ha producido magníficas obras de arte y avances científicos que a veces son llevados al extremo por algunas personas que tienen los recursos para intentar cualquier innovación que pretenda hacer lento el reloj biológico.
Si lo que buscamos es vivir en buenas condiciones para seguir disfrutando de la vida hasta el último día, lo celebro y lo comparto; cualquier otro fin, en mi opinión, es tratar de quitarle importancia a ese recurso finito que es el presente, no aprender del pasado y desear un futuro mucho peor que ese en el que no podemos caminar con soltura u olvidamos qué era lo que buscábamos en la alacena.
Lo verdaderamente valioso de la edad es que podemos juntar la experiencia con las facultades físicas y mentales que alguna vez tuvimos de manera automática. Hacer el intento no es una meta menor, podría significar que los mejores años de nuestra vida son los que siguen. Comencemos hoy. A todas y a todos nuestros lectores, bendiciones para el próximo año y que continuemos compartiendo por mucho tiempo.