Un debate sin debate
Cuando mezclas ignorancia y soberbia obtienes una dosis de mediocridad
Salomón
No importó que Xóchitl Gálvez cuestionara a Claudia Sheinbaum. La candidata de la continuidad tenía un libreto ya confeccionado, iba a no escuchar. La soberbia y la prepotencia fueron su escudo.
La ex jefa de Gobierno aprovechó la inconsistencia y nerviosismo de Gálvez para lanzar sus dardos y así escaparse. Xóchitl cayó en la trampa del formato cuadrado y no pudo arrinconar a la candidata de Morena. Dejó pasar oportunidades, los temas y números le favorecían.
El tema de salud era un manjar. Ahí pudo exhibir a un gobierno criminal que contribuyó y permitió la muerte de más de 800 mil mexicanos y más de 4 mil trabajadores de la salud en pandemia por negligencias, incapacidad e intereses políticos.
En el caso de la corrupción de los familiares de López Obrador no fue incisiva. Debió reiterar el emplazamiento: ¿cuál sería la actitud de la candidata del oficialismo ante las evidentes trapacerías que están realizando los herederos del Tlatoani? No forzó la respuesta.
Los debates son la oportunidad para mostrar las debilidades del contrincante. Si alguien quiere propuestas que lean su plataforma electoral. ¿Se logra en un minuto y medio articular una propuesta seria en políticas públicas?
La narrativa de Morena y sus falanges es que Sheinbaum “ganó” el debate, no por sus propuestas, sino porque libró las acusaciones en su contra y sorteó los pésimos manejos del gobierno actual. ¡Qué peligroso sería tener una presidenta que no responde y miente por razones “tácticas”!
Faltan algunas semanas, dos debates y un amplio porcentaje de votantes que aún no decide su voto. ¿Cómo se definirán los 30 millones de jóvenes que votarán por primera vez? La próxima elección es un referéndum del obradorismo. Nada de medias tintas.
@pedro_penaloz
















