Un nuevo logo
Muchos cambios están ocurriendo en el mundo político y social en México que más que certezas, abonan incertidumbres. En medio de una crisis de identidad y representación, el PAN decidió relanzarse.
Yanez_flor@hotmail.com
Muchos cambios están ocurriendo en el mundo político y social en México que más que certezas, abonan incertidumbres. En medio de una crisis de identidad y representación, el PAN decidió relanzarse.
Yanez_flor@hotmail.com
La estrategia llega tarde, pero por lo menos, llega. Un partido político se debe al respaldo de la población y en estos años, el PAN apenas ha logrado sobrevivir de no perder su registro. Buscan nuevos simpatizantes, adeptos, pero, sobre todo, votantes para dar frente a la oposición en las próximas elecciones.
Ha habido un estancamiento respecto a su estructura, creencias, ideales y personajes para dar frente a los nuevos retos sociales que enfrentamos, pero eso no es tanto el problema, sino la dirección que adoptará este nuevo “movimiento”.
Las contradicciones internas, fragmentaciones ideológicas y discursos discriminatorios han logrado que el “pueblo” ya no se identifique con ellos ni con su narrativa original. Se encuentran en sus peores momentos de aceptación y presencia electoral y su narrativa está tan reciclada y desactualizada, que perdió fuerza.
Es evidente que este “relanzamiento” es un intento de reconfigurar la identidad del partido y colocarse nuevamente como oposición. Buscan hacerlo moderno y cercano a la gente, pero nada cambia de la noche a la mañana y menos con una estructura histórica como la de ellos. Convencer genuinamente que será algo innovador y distinto, va a ser un gran reto.
En una era donde las derechas del mundo se están reconfigurando, surge la intriga de cómo resurgirá este partido “conservador” sin renunciar a su esencia. En su libro Trumpismos, Miguel Urbán plantea que la derecha radical actual ya no puede explicarse desde las categorías clásicas. Ya no se puede hablar de extremo conservadurismo o neoliberalismo aisladamente, sino de híbridos que combinan discursos nacionalistas identitarios y emocionales, y autoritarismos. Milei tiene clara su derecha, Bukele y Trump también, pero este relanzamiento del PAN, aún no ha ofrecido argumentos sólidos de una nueva dirección; tan sólo ha lanzado un discurso de pertenencia sin debate de ideas. Hace unos días el legisladores de este partido discriminaban a grupos de la diversidad sexual y a partir del nuevo logo, ¿pretenderán cambiar la narrativa y ser incluyentes y progresistas, sólo para atraer votantes?
Esta nueva “ola” pudiera dirigirlos a una nueva crisis identitaria y de más fragmentación donde el partido, termine desdibujado de su identidad histórica. ¿Podrá el PAN renovarse sin traicionarse? El reto es hacer una revisión profunda del signficado de ser oposición en este siglo y del papel de cada persona que respalda a este partido. México no necesita un nuevo logotipo azul; necesita una alternativa ética, moderna y sensata frente al poder. Esperemos sí se coloque como una genuina oposición y de frente a los nuevos retos electorales.