El libro preferido
El libro preferido
Joel Hernández Santiago
Joel Hernández Santiago
Digamos que fue un reto. Un “a ver cómo comenzó todo”. Un ¿será no será? ¿Cuándo y por qué comencé a leer? Ya he relatado que mis primeros pasos en eso de leer y del periodismo comenzaron en donde está enterrado mi ombligo.
Seres de otro planeta
Tan sólo una parte de las Aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe.
No pude dormir durante varias noches al imaginar aquella escena terrorífica. Pero, al mismo tiempo, no podía soltar aquel primer libro que leí por propia voluntad siendo niño. Lo recuerdo puntual a pesar de los años. Es que los libros se convierten en uno, toda la vida.
Eso son ellos, los escritores, seres imaginados con toda la imaginación y la vida en uno. Son almas purísimas, sin pecado concebidos y con todos los pecados a cuestas. Así.
Después, como por arte de magia, fueron apareciendo más libros, y más libros y más libros y revistas y periódicos y cuentos cuentas cuentos en mi espacio vital que, siendo sinceros, era archi reducido.
A una isla desierta
Pero sí, a riesgo de que se me pasen tantos, diré algunos que les recomiendo si quieren comenzar a armar su biblioteca básica del lector empedernido:
Cómplices y prisioneros
Qué puedo decir, entonces. Sólo que leer no nos hace más libres ni más prisioneros. Simplemente nos hace prisioneros que alcanzan su libertad.
Somos cómplices de autores, de personajes, de circunstancias y de tristezas infinitas como la de Pavel, el hijo de Nadiezhda, en La madre o el dolor de decirle adiós a un gran amigo, como en Dersu Uzala de Vladímir Arséniev.
Y los lectores somos esos seres solitarios e infelices y cuyo castigo eterno es el de la lectura, por nuestra arrogancia, por nuestra necedad, por nuestro afán de ser y no ser con todo y dilema.
¿No les ha ocurrido que hay libros que son una pesadez, que son antipáticos y que en reciprocidad tampoco ellos nos quieren y no nos dan lo que esperábamos y nos hacen el feo?
Hay libros que existen y que tienen a sus lectores preferidos. Hay libros de lectura rápida o de lectura “dinámica”. Son de ese tipo de libros con los que no nos llevamos bien y que tienen la virtud, para nosotros, de alejarse pronto.
O los horrorosos libros de autoayuda, de consejos prácticos para ser feliz o ser menos desdichado.
Leer si importa. Sentado o de pie. Asido al tubo del vagón del Metro. Apretujado en la combi nuestra de cada día. A la mesa del café interminable.
Servida señora Directora.
jhsantiago@prodigy.net.mx
Editora con una década haciendo preguntas. Especializada en temas sociales y urbanos.
























