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Méxicoviernes, 30 de septiembre de 2022

Guadalajara | A drenaje y, con suerte, a chocolate

En pleno centro de Guadalajara, la aceitera situada en el ingreso a la colonia del Fresno, obliga a los habitantes, como Teresa Rivera y su familia, a acostarse y despertarse con el mal olor que despide

Viridiana Saavedra / El Occidental

Como en otros rubros, Guadalajara es una ciudad de contrastes. Basta ir de una cuadra a otra para encontrarse con olores distintos, algunos iguales de nauseabundos.

A la entrada, es recibido por el olor que emana de la llamada Cuenca del Ahogado, que rodea parte de la ciudad y que poco a poco se ha convertido en la cañería de la capital, puesto que ahí van a dar las aguas negras de Tlaquepaque, Tlajomulco, Zapopan y Guadalajara.

Estar en la zona es una experiencia desagradable para cualquiera, pero sobre todo para quienes no acostumbran el sitio, pues el recibimiento es con un olor desagradable.

Desde hace 34 años, ella vive a cuatro cuadras de la cascada del Río Santiago, que desde hace décadas autoridades de los diferentes niveles de gobierno han prometido sanear, sin que al momento los habitantes de la zona vean un resultado real.

En pleno centro de Guadalajara, la aceitera situada en el ingreso a la colonia del Fresno, obliga a los habitantes, como Teresa Rivera y su familia, a acostarse y despertarse con el mal olor que despide.

"La verdad nosotros compramos la casa cuando la aceitera ya estaba aquí, en un principio pensamos que nos adaptaríamos, pero han pasado los años y no deja de ser desagradable.

Ellos han socializado el tema, nos han invitado a ingresar, a realizar recorridos e incluso a misas celebradas al interior, y nos aseguran que no daña la salud. Esperemos que así sea", afirma resignada Teresa.

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