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Mundodomingo, 5 de diciembre de 2021

El muro invisible de los europeos

La Unión Europea equipa y entrena a la Marina y a la Guardia Costera Libias para obstruir operaciones de rescate y capturar migrantes que son enviados a cárceles en las que permanecen en condiciones infrahumanas

Ian Urbina

La Unión Europea intercepta a los migrantes

Durante las semanas siguientes, Candé procuró no meterse en líos y se aferró a un rumor que corría por la cárcel: que los guardias iban a liberar a algunos migrantes por Ramadán, nueve semanas más tarde. “El señor es milagroso”, escribió Luther en su diario.

“Que su gracia continúe protegiendo a todos los migrantes del mundo, especialmente a los de Libia”.

La crisis migratoria comenzó en 2010

Lo que se ha venido a llamar “crisis migratoria”, comenzó en 2010, cuando los migrantes que huían de los conflictos bélicos en Oriente Medio, de las insurgencias en el África subsahariana, o de los efectos del cambio climático comenzaron a llegar a Europa en tromba.

Si Europa se da la vuelta ante la presencia de cadáveres, entonces no se merece llamarse a si misma una Europa civilizada

Los países tienen que encontrar una manera de proteger sus fronteras sin destruir la esencia del Estado liberal

Italia no podía con 60 mil migrantes, mientras Polonia y Hungría no aceptaron ni a uno

Desde 2015 la UE ha invertido cerca de 5 mil 300 millones de euros

En Etiopía, el programa permitió compartir los datos personales de ciudadanos etíopes con el servicio de inteligencia de ese país, que tiene un historial de detención de manifestantes, a quienes después maltrata brutalmente.

En los últimos seis años, el Fondo Fiduiciario ha destinado en torno a 480 millones de euros para que Libia ataje la migración. El ex ministro libio Marghani me dijo que el objetivo del programa estaba claro:

Convertir a Libia en el malo de la película. Ocultar en Libia sus políticas mientras los buenos europeos van diciendo que están aportando dinero para que este sistema infernal sea más seguro

Libia no siempre ha sido un lugar inhóspito para los migrantes

Con drones y aviones vigilan el Mediterráneo

La Guardia Costera de Libia parece operar con impunidad

El portavoz del Fondo Fiduiciario dijo que la UE no da dinero a la Guardia Costera, que solo proporcionan formación y equipamiento, y que su objetivo es “salvar las vidas de quienes se aventuran a realizar un viaje tan peligroso, ya sea por tierra o por mar”.

El barco procuraba realizar rescates solo en aguas internacionales, pero aun así les llegaban amenazas por radio de la Guardia Costera. “Aléjense de nuestro objetivo”, ordenaba uno de los oficiales. Otro decía:

Manténgase fuera de aguas libias si no quieren que recurramos a otras medidas

Prometieron que me permitirían seguir a una unidad de la Guardia Costera y visitar la cárcel

Diana Eltahawy de Amnistía Internacional, especializada en el norte de África, me dijo en julio:

Toda la red de centros de detención de migrantes en Libia está podrida hasta la médula.

La UE reconoce que las cárceles de migrantes son atroces.

La UE compra los buques que capturan a los migrantes, las tabletas de pantalla táctil que los cooperantes usan para contarlos cuando desembarcan, y los autobuses que los conducen a las cárceles.

Gargaresh, el barrio de inmigrantes

A las dos de la madrugada, un fuerte ruido procedente de la Celda 4 despertó a Candé. Varios presos sudaneses intentaban abrir la puerta principal para escapar.

El director de la cárcel de Al Mabani, Al-Ghreetly, llegó unas horas después, miró a través de las rejas y les pidió a los presos que le enseñaran el cuerpo. Cuando pusieron a Candé frente a la puerta, Al-Ghreetly gritó a los guardias:

¿Qué habéis hecho? ¡Podéis hacerles cualquier cosa, pero no matarlos!

Los presos se negaron a entregar el cuerpo a menos que los dejaran en libertad, y los guardias, aterrorizados, convocaron a Mohammad Soumah, su colaborador, para negociar.

Comencé a juntar todas las piezas de la muerte de Candé

Me encerraron en una celda de aislamiento, en la que había un inodoro, una ducha, un colchón de espuma tirado en el suelo y una cámara montada en el techo. A través de una pequeña ranura rectangular, los guardias nos daban latas de arroz amarillo y botellas de agua.

Mi mujer, que había escuchado a través del teléfono el inicio de mi secuestro, alertó al Departamento de Estado. Junto con el servicio diplomático holandés, presionaron al presidente del gobierno de Unidad Nacional libanés para que nos liberasen.

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