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Mundodomingo, 5 de diciembre de 2021

El muro invisible de los europeos

La Unión Europea equipa y entrena a la Marina y a la Guardia Costera Libias para obstruir operaciones de rescate y capturar migrantes que son enviados a cárceles en las que permanecen en condiciones infrahumanas

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Ian Urbina

➡️ Evolución | Barcos, corrales de retención para migrantes rescatados del Mediterráneo

A las tres de la madrugada del 5 de febrero de 2021, unos hombres armados se llevaron a Aliou Candé, un migrante de 28 años de Guinea Bissau, fuerte y de carácter tímido, a la cárcel. Un año y medio antes había abandonado su hogar porque sus cultivos producían cada vez menos y quería reunirse con sus hermanos en Europa.

Los guardias eran brutales y pegaban a quien desobedeciera sus órdenes con lo que primero que tuvieran a mano: ya fuera una pala, una manguera, un cable o la rama de un árbol. “Pegaban sin razón aparente”, me contó Tokam Martin Luther, un hombre entrado en años procedente de Camerún que dormía junto a Candé.

La Unión Europea intercepta a los migrantes

“A uno que estaba en mi pabellón, le pegaron con un arma en la cabeza, se desmayó y comenzó a temblar”, relató uno de esos migrantes a Amnistía Internacional. “Esa noche no llamaron a una ambulancia para que se lo llevaran; todavía respiraba, pero no podía hablar. No sé qué habrá sido de él. Tampoco sé qué había hecho”.

Durante las semanas siguientes, Candé procuró no meterse en líos y se aferró a un rumor que corría por la cárcel: que los guardias iban a liberar a algunos migrantes por Ramadán, nueve semanas más tarde. “El señor es milagroso”, escribió Luther en su diario.

“Que su gracia continúe protegiendo a todos los migrantes del mundo, especialmente a los de Libia”.

La crisis migratoria comenzó en 2010

Lo que se ha venido a llamar “crisis migratoria”, comenzó en 2010, cuando los migrantes que huían de los conflictos bélicos en Oriente Medio, de las insurgencias en el África subsahariana, o de los efectos del cambio climático comenzaron a llegar a Europa en tromba.

Si Europa se da la vuelta ante la presencia de cadáveres, entonces no se merece llamarse a si misma una Europa civilizada

Sin embargo, la marea de migrantes no cesaba. Y los migrantes requerían atención médica, empleo y educación, y aumentaban la presión sobre los recursos económicos. “Es un dilema tremendo”, me dijo James Hollified, uno de los grandes expertos en migraciones que trabaja en distintas universidades e institutos globales.

Los países tienen que encontrar una manera de proteger sus fronteras sin destruir la esencia del Estado liberal

Italia no podía con 60 mil migrantes, mientras Polonia y Hungría no aceptaron ni a uno

La Operación Mare Nostrum de Renzi costó unos 115 millones de euros. Un precio que Italia no podía asumir. Los esfuerzos por reubicar a 60.000 migrantes en Italia y en Grecia se tambaleaban: ni Polonia ni Hungría, gobernados por partidos nacionalistas, aceptaron ni a un solo migrante.

La UE comenzó a rechazar barcos humanitarios que transportaban a migrantes rescatados y que querían atracar en sus puertos. Italia llegó a enjuiciar a los capitanes de los barcos por facilitar el tráfico de personas. Minniti pronto se ganó el apodo de “Ministro del Miedo”.

Desde 2015 la UE ha invertido cerca de 5 mil 300 millones de euros

En 2018, algunos miembros del Parlamento Europeo inquirieron a la Comisión Europea sobre una supuestas “listas de la compra” enviadas por funcionarios de Níger en las que pedían coches, aviones y helicópteros de regalo a cambio de aprobar políticas anti-inmigración.

En Etiopía, el programa permitió compartir los datos personales de ciudadanos etíopes con el servicio de inteligencia de ese país, que tiene un historial de detención de manifestantes, a quienes después maltrata brutalmente.

El ministro italiano Minniti se fijó en Libia como socio principal de Europa para poner coto a la inmigración. En octubre de 2011, Gadafi fue derrocado y asesinado en una rebelión desencadenada por la Primavera Árabe y apoyada después por una invasión encabezada por Estados Unidos. Desde ese momento, el país se convirtió en un Estado fallido.

En los últimos seis años, el Fondo Fiduiciario ha destinado en torno a 480 millones de euros para que Libia ataje la migración. El ex ministro libio Marghani me dijo que el objetivo del programa estaba claro:

Convertir a Libia en el malo de la película. Ocultar en Libia sus políticas mientras los buenos europeos van diciendo que están aportando dinero para que este sistema infernal sea más seguro

La derecha italiana, que ayudó a derrotar a Renzi, aplaudió el trabajo de Minniti. “Cuando propusimos medidas de este tipo, se nos tachó de racistas”, dijo Matteo Salvini, líder del partido nacionalista italiano Liga Norte. “Ahora, por fin, parece que se está entendiendo que teníamos razón”.

Libia no siempre ha sido un lugar inhóspito para los migrantes

Con drones y aviones vigilan el Mediterráneo

El funcionario instaba repetidamente a sus superiores a que dejaran de contribuir a la devolución de migrantes a Libia. “Daba igual lo que les dijeras”, me dijo. “No estaban dispuestos a entender”. (El portavoz de Frontex me dijo que “en toda operación potencial de búsqueda y rescate, la prioridad era salvar vidas”).

La Guardia Costera de Libia parece operar con impunidad

El portavoz del Fondo Fiduiciario dijo que la UE no da dinero a la Guardia Costera, que solo proporcionan formación y equipamiento, y que su objetivo es “salvar las vidas de quienes se aventuran a realizar un viaje tan peligroso, ya sea por tierra o por mar”.

El barco procuraba realizar rescates solo en aguas internacionales, pero aun así les llegaban amenazas por radio de la Guardia Costera. “Aléjense de nuestro objetivo”, ordenaba uno de los oficiales. Otro decía:

Manténgase fuera de aguas libias si no quieren que recurramos a otras medidas

Prometieron que me permitirían seguir a una unidad de la Guardia Costera y visitar la cárcel

En mayo, seis mujeres del centro de detención de Shara ’al-Zawiya contaron a unos investigadores de Amnistía Internacional que habían sido violadas y sometidas a tortura sexual. En las instalaciones de Abu Salim, dos migrantes fueron asesinados durante un intento de fuga el pasado febrero.

La muerte en Libia es normal: nadie te va a buscar y nadie te va a encontrar dijo un migrante allí detenido.

Diana Eltahawy de Amnistía Internacional, especializada en el norte de África, me dijo en julio:

Toda la red de centros de detención de migrantes en Libia está podrida hasta la médula.

La UE reconoce que las cárceles de migrantes son atroces.

La UE reconoce que las cárceles de migrantes son atroces. Un portavoz del Fondo Fiduiciario me dijo que “la postura de la UE frente a las condiciones en las que se mantienen a los migrantes en los centros de detención es clara: la situación inaceptable. El actual sistema de detención arbitraria debe acabar”.

El año pasado, Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, afirmó que “la decisión de detener injustamente a migrantes descansa bajo la sola responsabilidad” del gobierno libio, y que “la Comisión no apoya el sistema de detención que implementa el país”.

En el acuerdo inicial firmado con Libia, la UE prometía financiar y garantizar la seguridad de los centros de detención donde se mantendría a los migrantes. Hoy, sin embargo, los funcionarios europeos insisten en que no financian directamente los centros de detención.

La UE compra los buques que capturan a los migrantes, las tabletas de pantalla táctil que los cooperantes usan para contarlos cuando desembarcan, y los autobuses que los conducen a las cárceles.

Las leyes que datan de la era de Gadafi permiten obligar a los extranjeros, independientemente de su edad, a trabajar sin salario. Un ciudadano libio puede llevarse a migrantes de un centro de detención a cambio de dinero, convertirse en su “tutor” y supervisar su trabajo, realizado de manera privada, durante un período de tiempo fijado.

Probablemente, el sistema más común es la extorsión. En de los centros de detención, todo tiene un precio: la protección, la comida, las medicinas y la libertad, lo más caro de todo. Pero incluso pagar un rescate no garantiza la libertad, ya que algunos migrantes son revendidos a otros centros de detención.

“Desafortunadamente, como resultado del gran número de centros que hay y de la mercantilización de los migrantes, muchos de ellos una vez liberados son detenidos por otro grupo, lo que implica que tienen que pagar varios rescates”, afirmaba el estudio del Fondo Fiduciario.

Gargaresh, el barrio de inmigrantes

A las dos de la madrugada, un fuerte ruido procedente de la Celda 4 despertó a Candé. Varios presos sudaneses intentaban abrir la puerta principal para escapar.

A Candé, que se había estado escondiendo en la ducha durante la pelea, le dispararon en el cuello. Se tambaleó a lo largo de la pared, manchándola de sangre, y luego cayó al suelo. Soumohoro intentó frenar la hemorragia con un trozo de tela. Diez minutos después, Candé murió.

El director de la cárcel de Al Mabani, Al-Ghreetly, llegó unas horas después, miró a través de las rejas y les pidió a los presos que le enseñaran el cuerpo. Cuando pusieron a Candé frente a la puerta, Al-Ghreetly gritó a los guardias:

¿Qué habéis hecho? ¡Podéis hacerles cualquier cosa, pero no matarlos!

Los presos se negaron a entregar el cuerpo a menos que los dejaran en libertad, y los guardias, aterrorizados, convocaron a Mohammad Soumah, su colaborador, para negociar.

Soumah abrió la puerta de la celda y les pidió a los trescientos migrantes que lo siguieran en fila india, lentamente y sin hablar, hasta la salida. Muchos conductores que a esa hora se dirigían al trabajo aminoraron la marcha para mirar, boquiabiertos, el flujo de migrantes que salían del recinto y se fundían en las calles de Trípoli.

Comencé a juntar todas las piezas de la muerte de Candé

Me encerraron en una celda de aislamiento, en la que había un inodoro, una ducha, un colchón de espuma tirado en el suelo y una cámara montada en el techo. A través de una pequeña ranura rectangular, los guardias nos daban latas de arroz amarillo y botellas de agua.

Todos los días me llevaban a una sala donde me interrogaban hasta cinco horas seguidas. “Sabemos que trabaja para la C.I.A.”, me decía unos de ellos. “Aquí en Libia, el espionaje se castiga con la muerte”. A veces, ponían una pistola en la mesa o me apuntaban a la cabeza.

Mi mujer, que había escuchado a través del teléfono el inicio de mi secuestro, alertó al Departamento de Estado. Junto con el servicio diplomático holandés, presionaron al presidente del gobierno de Unidad Nacional libanés para que nos liberasen.

Después de tenernos cautivos durante cinco días, la milicia accedió a dejarnos marchar. Nos pidieron que firmáramos documentos de “confesión” escritos en árabe con membrete del “Departamento de la Lucha contra la Hostilidad”. Cuando preguntamos qué decían los documentos, se rieron.

La familia de Candé se enteró de su muerte dos días después. Samba, su padre, me dijo que apenas podía dormir ni comer: “La tristeza me pesa mucho”. Hava, su mujer, ya había dado a luz por tercera vez, a una niña llamada Cadjato que ahora tiene dos años, y me dijo que no se volvería a casar hasta que no se le agotara el llanto.

Tras la muerte de Candé, José Sabadell, el embajador de la UE, pidió abrir una investigación formal, pero nunca se llevó a cabo. (Sabadell no respondió a mi petición de comentarios). El compromiso de Europa con los programas antiinmigración que implementa Libia permanece inquebrantable.

El 12 de abril, pasadas las cinco de la tarde, un grupo de orantes, Balde, Sane y unas veinte personas más acudieron al cementerio Bir al-Osta Milad para asistir al funeral de Candé. El cementerio ocupa unos 32.000 m2 entre una subestación eléctrica y dos grandes almacenes. La mayoría de los migrantes muertos en Libia están enterrados allí.

Ian Urbina es periodista de investigación y director de The Outlaw Ocean Project, organización periodística sin ánimo de lucro con sede en Washington DC que se dedica a investigar y a contar los crímenes contra los derechos humanos y medioambientales que ocurren en los océanos.

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