Rolling Stone analiza la transición del marketing musical hacia una era “post-algoritmo”, marcada por la autenticidad, la confianza y la creación de comunidades
Bajo el título “The Future of Music Marketing Is No Marketing at All”, el texto describe el agotamiento de los métodos promocionales convencionales y el surgimiento de un modelo centrado en la autenticidad y la comunidad.
Saideman introduce el concepto de ‘era post-algoritmo’ para describir un contexto donde tanto los artistas como el público entienden cómo funcionan las plataformas
Saideman introduce el concepto de “era post-algoritmo” para describir un contexto donde tanto los artistas como el público entienden cómo funcionan las plataformas y sus mecanismos de priorización.
Los oyentes comienzan a valorar más la coherencia artística y la cercanía real con los creadores
El público actual no responde a estrategias de venta, sino a expresiones culturales que percibe como espontáneas
Expertos citados por Rolling Stone coinciden en que la nueva lógica redefine las relaciones de poder en la industria
Con información de: Rolling Stone y Sam Saideman, “The Future of Music Marketing Is No Marketing at All”.
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Durante la última década, la música popular se vio dominada por campañas diseñadas para complacer al algoritmo / pexels/sanketgraphy
La revista Rolling Stonepublicó un análisis firmado por Sam Saideman en el que advierte sobre una transformación profunda en la forma en que la industria musical concibe el marketing.
Durante la última década, la música popular se ha visto dominada por campañas diseñadas para complacer al algoritmo. Desde la aparición de las listas de reproducción de Spotify, entre 2015 y 2020, hasta elauge de los videos virales durante la pandemia, la estrategia dominante ha sido la visibilidad a gran escala.
Miles de artistas y equipos de trabajo invirtieron en campañas pagadas, consultorías externas y distribución digital con el objetivo de alcanzar presencia editorial y viralidad inmediata. Sin embargo,Rolling Stone sostiene que ese modelo ha comenzado a desgastarse.
Con ese conocimiento, el público se ha vuelto más escéptico frente al contenido fabricado y detecta con facilidad cuándo una estrategia busca manipular el interés de manera artificial. Según el autor, lo que antes parecía espontáneo —un video en el coche pidiendo pre-guardar una canción o una publicación con lenguaje emocionalmente calculado— ahora es percibido como una táctica de venta.
El artículo plantea que la saturación del contenido ha generado una fatiga generalizada en la audiencia. Frente a la sobreproducción de material promocional, los oyentes comienzan a valorar más la coherencia artística y la cercanía real con los creadores. En palabras del texto, el cambio actual se da “del tiempo y las etiquetas al gusto y la confianza”. Esto implica que las herramientas algorítmicas, antes consideradas la clave del éxito, han perdido su eficacia frente a la necesidad de generar vínculos auténticos.
Saideman identifica tres pilares que definen la nueva etapa del marketing musical. El primero es “comunidad sobre clientes”: la construcción de espacios donde los seguidores se sientan partícipes del crecimiento del artista. Plataformas como Reddit, Discord o los clubes de fans digitales permiten que las audiencias se reúnan alrededor de intereses comunes y desarrollen sentido de pertenencia. Rolling Stone subraya que una comunidad activa de algunos miles de personas comprometidas puede tener más impacto que cientos de miles de seguidores pasivos.
El segundo pilar es “cultura sobre campañas”, que plantea que el público actual no responde a estrategias de venta, sino a expresiones culturales que percibe como espontáneas. En lugar de producir contenido con fines promocionales —como clips virales, parodias o dramatizaciones—, los artistas son llamados a compartir su música desde su contexto natural, vinculándola con emociones, causas o conversaciones sociales reales. Según el artículo, las audiencias “no buscan mensajes alimentados por campañas, sino momentos que parezcan descubiertos”.
El tercer eje identificado por Saideman es “micro sobre macro”. En contraposición al modelo que persigue visibilidad masiva, el nuevo enfoque privilegia la conexión profunda con comunidades pequeñas y específicas. Estas microcomunidades, integradas por oyentes que comparten una identidad o sensibilidad común, representan un espacio donde el impacto cultural se multiplica de manera orgánica. El artículo señala que “las comunidades pequeñas otorgan poder, mientras que el alcance masivo ofrece solo momentos fugaces”.
El informe también enfatiza la idea de que los artistas que aprenden a escuchar a su público, más que a dirigirse a él, son quienes lograrán trascender en el nuevo ecosistema digital. En esta línea, Rolling Stone sostiene que el futuro del marketing no radica en el volumen de anuncios o en la cantidad de publicaciones, sino en la capacidad de generar confianza y empatía. El texto destaca que “en 2025, el marketing musical no consiste en gritar más fuerte, sino en escuchar más de cerca”.
La tendencia se inscribe en un contexto donde las herramientas de promoción automatizada y la inteligencia artificial comienzan a redefinir la relación entre creador y audiencia. Aunque la tecnología sigue siendo clave, el artículo advierte que su uso debe orientarse a fortalecer la autenticidad, no a suplantarla. Las estrategias de contenido generadas por algoritmos, señala Saideman, pueden servir para amplificar un mensaje, pero no para construir una identidad.
La publicación también aborda el impacto de este cambio en la economía musical. A medida que los artistas independientes adquieren mayor control sobre su distribución y sus audiencias, los modelos tradicionales de marketing pierden relevancia frente a la gestión directa de comunidades. En este entorno, las métricas de reproducción o número de seguidores dejan de ser los indicadores principales de éxito, desplazadas por la interacción sostenida y la fidelidad del público.
Expertos citados por Rolling Stone coinciden en que la nueva lógica redefine las relaciones de poder en la industria. Las compañías discográficas que durante años dominaron la visibilidad mediante estrategias publicitarias deberán adaptarse a un panorama en el que la reputación, la coherencia y la transparencia son los valores más valorados por los consumidores culturales.
El artículo concluye que, en el presente escenario, el marketing musical “puede parecer invisible desde fuera”, pero sus efectos son más profundos que los de cualquier campaña anterior. Los artistas que comprendan esta transformación, afirma Saideman, podrán desarrollar carreras sostenibles basadas en la confianza mutua con su público.
El futuro del marketing musical, según Rolling Stone, no desaparecerá, sino que cambiará de forma: dejará de ser un conjunto de técnicas de persuasión para convertirse en un espacio de conversación y comunidad. En palabras del autor, “las canciones ya no se promueven, se comparten”.