Análisismartes, 7 de enero de 2025
Ambulantes imparables
@IsaacPalestinaD
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Durante las fiestas decembrinas, el comercio informal o ambulante proliferó en las calles del Centro Histórico de nuestra ciudad. Esta situación responde a condiciones estructurales, culturales e históricas que, sin embargo, suelen ser reducidas a una serie de prejuicios en contra de quienes venden o consumen en puestos semifijos.
La incomprensión por parte del Ayuntamiento de Puebla y de los medios de comunicación, que abordan esta problemática desde perspectivas cargadas de prejuicios de clase y raza, no solo dificulta ordenar el comercio, sino que genera conflictos y acuerdos oscuros con los más de 20 líderes gremiales que controlan política y económicamente a los más de 850 comerciantes informales en el Centro Histórico.
Se trata de un problema estructural. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 55% de las y los mexicanos trabajan en la economía informal, careciendo de seguridad social y prestaciones de ley. Esto significa que más de la mitad de la población ocupada no recibe aguinaldo, reparto de utilidades ni derecho a vacaciones. Entonces, ¿qué alternativas tienen estas personas para sobrevivir y compartir alimentos con sus familias en una temporada caracterizada por el reposo, la reflexión y el cariño en el hogar?
Si las y los mexicanos que no encuentran empleo formal simplemente se rindieran, el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país se contraería al menos un 25%. Además, esta economía no solo beneficia a los llamados “informales”, sino que también actúa como un soporte para la clase trabajadora. Piénselo así: si alguien recibe un salario mínimo de 280 pesos diarios y una comida en un restaurante cuesta entre 150 y 200 pesos, ¿cómo alimenta a su familia?
Es falso que los ambulantes no paguen impuestos. Aunque no retienen el Impuesto al Valor Agregado (IVA) directamente, este representa el principal ingreso de la hacienda pública y lo pagan al consumir productos o insumos. Además, los ambulantes enfrentan pagos de derechos al Ayuntamiento, a operadores de normatividad y a líderes gremiales, quienes lucran con su necesidad de trabajar y comerciar. Esto los coloca en una situación de explotación económica adicional.
Creer que el comercio informal puede regularse exclusivamente mediante el uso de la fuerza pública, como lo anunció Francisco Rodríguez, es un error. Más allá de obstaculizar el trabajo de las personas o de negociar con líderes gremiales, el Ayuntamiento de Puebla debería establecer una relación directa con las y los trabajadores, eliminando intermediarios y acordando un ordenamiento comercial que permita ejercer el comercio de manera segura y organizada, en beneficio de toda la ciudadanía.
Un ejemplo que vale la pena considerar es el de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, quien implementó el operativo “Orden y Seguridad” para retirar ambulantes de zonas emblemáticas como Bellas Artes, logrando mantener el orden sin vulnerar derechos humanos. Paralelamente, programas de formalización ofrecieron beneficios como acceso a seguridad social, aunque muchos comerciantes prefirieron la informalidad debido a razones de autonomía y flexibilidad laboral. Este tipo de experiencias demuestra que las soluciones deben ser integrales, eliminando intermediarios, fomentando acuerdos directos con los comerciantes y reconociendo las complejidades sociales y económicas que rodean esta problemática.