Análisismartes, 30 de septiembre de 2025
El fin del multilateralismo
@IsaacPalestinaD
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En la última sesión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) las participaciones de Gustavo Petro, Benjamin Netanyahu y Donald Trump, dejaron claro desde diferentes posiciones que el multilateralismo que ha imperado en el mundo desde los años 40 de la primera mitad del siglo XX, ya no funciona, es impotente frente a las complejidades del siglo XXI, y si alguna vez sirvió no fue con las mejores intenciones ni mucho menos para garantizar la paz y el crecimiento de las naciones, sino para mantener una narrativa de gobernanza global al servicio de las grandes potencias occidentales.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, nacieron instituciones que aspiraban a evitar que los desacuerdos políticos se transformarán en nuevas guerras mundiales: la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y, en el plano regional europeo, la Unión Europea (UE). Desde sus inicios, tanto la ONU como la UE fueron construidas bajo una arquitectura desigual. En el Consejo de Seguridad de la ONU —el verdadero núcleo de poder de la organización— solo cinco países poseen derecho de veto: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. Esa prerrogativa ha impedido actuar con eficacia frente a crímenes de guerra y agresiones militares. Según datos de la propia ONU, entre 1946 y 2023 se ejercieron casi 300 vetos; tan solo Rusia (121 vetos) y Estados Unidos (88) han bloqueado resoluciones clave sobre Siria, Palestina, Irak o la invasión rusa a Ucrania.
La Guerra Fría no rompió ese esquema: simplemente lo dividió en dos bloques, y la ONU fue escenario de su parálisis. Con el fin de la URSS, se habló de un “nuevo orden mundial” que consolidaría la cooperación internacional, la globalización y las democracias procedimentales en países de ingresos medios. Tres décadas después, ese orden muestra grietas profundas y qué el multilateralismo desde organismos internacionales fracasó.
El Consejo de Seguridad ha fallado en sus misiones más básicas: evitar genocidios y agresiones. En 1994, mientras se perpetraba el genocidio de Ruanda —con más de 800 mil personas asesinadas en 100 días según cifras de la ONU—, el Consejo tardó semanas en reaccionar y envió una fuerza insuficiente. En 2003, Estados Unidos y sus aliados invadieron Irak sin aval del Consejo, utilizando informes de armas de destrucción masiva que después se demostraron falsos. Hoy, ante el genocidio perpetrado en la franja de Gaza, la Asamblea General ha aprobado resoluciones pidiendo un alto al fuego que son legalmente no vinculantes, mientras el veto estadounidense bloquea acciones concretas pese a que, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 60 mil palestinos han muerto y el 80% de la población ha sido desplazada desde octubre de 2023.
El fracaso del multilateralismo no significa que el mundo deba abrazar el aislacionismo o el nacionalismo excluyente. Significa que necesitamos un nuevo internacionalismo, basado en la igualdad soberana de los Estados y en la centralidad de los derechos humanos por encima de los intereses geopolíticos, en un contexto donde surgen polos de desarrollo regionales diferentes a Estados Unidos, como India, China, Rusia, Brasil o Sudáfrica.