El petista Miguel Guadalupe Morales Zenteno ya fue alcalde de Tlachichuca y al intentar reelegirse fue derrotado en las urnas; ahora la 4T lo coloca en otro municipio
La película “Una batalla tras otra” arrasó con seis premios Oscar en las categorías Casting, Actor de Reparto, Guion Adaptado, Edición, Director y Película
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
¿Un político ostentoso es un político corrupto? No. Sin embargo, sí deja mucho que desear, pues una persona que busca representar el interés público debe mostrar rectitud, probidad, austeridad y moderación. La extravagancia o derroche exhiben falta de carácter, pues desde un enfoque ético, la austeridad puede ser considerada una virtud humana, y en el ámbito del servicio público ni se diga.
Este concepto o valor de vida debe tomarse con cautela, pues no implica renuncia a la riqueza y menos aún implica vivir en la miseria. Desde una perspectiva del servicio público se debe tomar en cuenta que la representatividad implica reconocer que vivimos en un país lleno de desigualdades y que la austeridad es un principio rector del servicio público.
Los históricos de las instituciones reconocen que el origen de la corrupción y de las lisonjas del poder llegaron a nuestro territorio con la conquista, este pensamiento colonial se ve reflejado en nuestro día a día, en los diversos escándalos de discriminación por género, preferencia sexual, ingreso económico, color de piel, etcétera (véase el vergonzoso caso del edil de Cuyoaco).
Aunque en la época novohispana hubo valiosos ejemplos de rectitud moral en el servicio público, como el del beato San Sebastián de Aparicio, es hasta 1812 que José María Morelos expuso en el artículo 12 de Los Sentimientos de la Nación, a la austeridad como un valor republicano, buscando que las leyes moderen la opulencia lo mismo que la indigencia y que los hijos de los ricos tuvieran la misma educación que los pobres, una aspiración aún lejana lamentablemente.
El siglo XIX, marcado por inestabilidades internas y externas, enfrentó dos proyectos políticos: el conservador, que defendía un régimen centralista y religioso, y el liberal, que impulsaba un Estado federal y republicano. La excentricidad siempre ha sido propia del conservadurismo, ya que utiliza a la política para conservar sus privilegios. Benito Juárez fue otro gran pensador y político que defendió la austeridad como principio de vida individual y pública, quizá por necesidad o pragmatismo, su papel en la historia es fundamental para entender el estado mexicano como lo entendemos hoy.
Tras la Revolución Mexicana y el surgimiento del partido hegemónico, el país vivió la disputa entre una visión tecnocrática y otra popular. El cambio de élites quedó magistralmente retratado en la sombra del caudillo de Martín Luis Guzmán, donde el Cadillac se convierte en metáfora de la élite posrevolucionaria que abandonó el caballo, y con él, la lucha campesina y popular, para dedicarse a los negocios del poder público. Así, el ideal revolucionario fue diluyéndose hasta que la austeridad reapareció como bandera política en la transición democrática, retomada especialmente por el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Este ideario republicano articuló una narrativa potente que permitió convencer al electorado de apoyar un programa contra la corrupción y los privilegios. Sin embargo, este ideario ha sido severamente cuestionado con sonados casos de prepotencia y exhibicionismo.
La austeridad republicana no debe reducirse a un slogan retórico: es un principio moral y un pacto ético con la ciudadanía. Cuando figuras públicas exhiben lujos —como las recientes imágenes de políticos en restaurantes europeos o resorts exclusivos— socavan el discurso del humanismo mexicano. La propia presidenta Claudia Sheinbaum lo expresó al reprender estas actitudes: “El poder se ejerce con humildad”. En sintonía, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, ha llamado a los presidentes municipales a gobernarse y ejercer el poder con humildad.