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Dadas las declaraciones de los últimos días de la senadora Lizeth Sánchez, lideresa del Partido del Trabajo en la entidad, pareciera que empiezan ligeros rompimientos con MORENA, situación que según trasciende no son originados en Puebla sino en el Comité Nacional con algunos personajes del Movimiento, pues lo pretenden ningunear. Por ello ya no marchan en completa sintonía como se ha observado sobre todo con las iniciativas de la presidenta de la República Claudia Sheinbaum, presentadas en las Cámaras de diputados y Senadores. Esto ha dado pie a que el PT se vaya “por la libre”, en algunos casos, como por ejemplo en lo referente a la reelección que ya anunció, que sí la hará efectiva en 2027 y no hasta el 2030.
Lizeth forma parte del grupo en el poder del PT, pero no es quien toma ciertas decisiones, por lo que a todas luces sus comentarios van en concordancia con la actuación y disposición del líder nacional de este partido Alberto Anaya, y no son de su autoría. Durante las últimas semanas y especialmente después de su consejo estatal, reiteró que para 2027, dicho instituto si impulsara la reelección de los diputados y alcaldes en funciones que emergieron de él, mostrando así una postura diferente a la que recientemente MORENA con quien está aliada, dijo que aplicaría. Inclusive dijo que, si hay “morenistas” que también deseen lo mismo, contarán con su apoyo.
Ahora qué, - reitera- que cada uno de los partidos en alianza con el Movimiento, tiene y sigue sus propias reglas (lo que no siempre aplican) y por ello sus decisiones son diferentes. Así las cosas, será hasta el 2030 cuando, conforme a la ley aprobada- ya no se permita la reelección, cuando el PT adopte dicha medida y para el 2027 estará decidido que no seguirá la línea de MORENA, por lo que durante los próximos tres años el PT seguirá construyendo su propio camino para abonar a su capital el mayor número de triunfos -solo y no en alianza-, aunque podría tener candidatos comunes en algunos lugares, donde para éste resulte conveniente.
A la pregunta si lo anterior debería preocupar a MORENA, lo cierto es que al parecer por el momento no, aunque vaya en contra de las disposiciones de su líder moral Claudia Sheinbaum. Por lo menos aquí no hay comentarios públicos. Tal parece que en el Movimiento se sabe que las declaraciones de la senadora son producto de una orden del CEN del PT, y que cualquier medida se discute entre los líderes nacionales. Aunque este instituto es aliado, su posicionamiento e importancia políticas, (por lo menos en Puebla), pueden calificarse por varios aspectos, entre ellos su número de afiliados que hasta el año pasado según los datos del INE era de tan solo 21, 318 militantes. Según el padrón del 2024 que presentaron la totalidad de los partidos políticos y que está conformado por 312 mil 784 afiliados, el PT contabiliza solo cerca del 6%. Sus posiciones políticas así como prerrogativas (29 millones de pesos, nada mal para ser un partido pequeño) han sido producto en su mayor parte de su alianza con MORENA, así que nada que presumir.
En un artículo de Nora Merino Escamilla del PT, asegura que este partido “no es un acompañante circunstancial sino la base ideológica, la conciencia crítica y el músculo territorial del Movimiento (la 4T) que hoy transforma al país”. También que el PT ha crecido, y se ha comprometido con el proyecto de Transformación que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum. Entonces ¿porque en sus determinaciones y votación no lo hacen en concordancia?, conste que es pregunta.
Será que el PT, con el séptimo lugar en Puebla en lo referente a militancia en partidos, pueda convencer al pueblo devoto de la 4t, que es “la locomotora ideológica de la cuarta trasformación”. ¿A quiénes trata de engañar? En un Estado donde solo es relevante cuando va aliado, en este caso con MORENA, a quien por cierto le señala con soberbia que necesita ideas, firmeza y compromiso, y que por supuesto el PT se las puede dar, ¿esto es verdad, o así de importante se siente?
Realmente no se sabe como ve el comité estatal y el consejo de MORENA, las declaraciones y decisiones del Partido del Trabajo que dice estar más vivo que nunca en Puebla, (por su alianza con la 4T por supuesto) y que últimamente cree tener suficiente fuerza para “irse por la libre”, aún en contra de la presidenta, la líder moral del Movimiento y su aliado número uno. Lo cierto es que viendo que es un partido pequeño pero que ayuda al Movimiento a tener mayoría calificada en las Cámaras, no quiere hacer olas y deja que las declaraciones continúen mientras no se conviertan en realidad o se “pasen de la raya”, porque esto lo arreglan con el verdadero “mandamás” del PT cuando sea necesario. Política pura, no buenas intenciones.
Y en esta temporada de cuaresma, no hay paz, tranquilidad y armonía entre los integrantes de partido y Acción Nacional, pues sus divisiones internas se agudizan y seguirán hasta después de la semana Santa y más allá, porque la lucha por el poder no admite ni permite tregua.
En el PAN el presidente estatal Mario Riestra Piña y el expresidente y varias veces ex candidato Eduardo Rivera Pérez se disputan la atención, simpatía y sobre todo apoyo de liderazgos del interior del estado y de alcaldes y diputados, con el fin de tener ¡por fin! Y ya de manera definitiva el control del minimizado partido que con todos estos problemas no ve la suya, pues los problemas internos no le permiten tener buena planeación y estrategias para ir recuperando lo que en las últimas elecciones perdió, tanto en prerrogativas como en posiciones y militancia.
Aún cuando Eduardo Rivera tiene el santo de espaldas y no logró siquiera una pequeña cartera en el Comité Ejecutivo Nacional al que pertenece -aunque no tenga cargo definido- todavía conserva simpatías de algunos azules al interior del estado a los que durante los últimos días ha regresado a “saludar” y a tratar de convencer que solo con él, el PAN saldrá adelante, claro, todo ello disfrazado de agradecimiento por su trabajo en las pasadas elecciones. Y esto sigue siendo una piedra en el zapato de Mario, que desafortunadamente tampoco logra convencer a sus correligionarios que, aun dirigiendo el partido, es la mejor opción para lograr la tan ansiada unidad.